Presunto Fuego Lento


José Manuel García Rupérez
Arriesgar, aventurar, experimentar. Es lo que tememos constantemente por miedo al fracaso. Nos acomodamos en los muelles sillones de nuestro aburguesamiento, pensando que una nueva idea, una novel iniciativa puede transformar nuestro entorno; pero no nos decidimos a romper, a quebrar la barrera que se interpone entre ese yo acomodado, perezoso y satisfecho y ese otro "tú" - segundo yo interior - que inicia la batalla para mejorar la transformación, para perfeccionarla, aunque la erosión del tiempo nos obligue a ponernos una gorra irlandesa que caliente nuestra calva - inmisericorde paso literario del tiempo, tópico que es mejor no mencionar. A pesar de los años - inofensivo e intrascendente engaño - el hombre debe continuar con la creatividad estética: su interior es cada vez más rico y contrasta con su "impresentable" exterior, rasgos que dejó en su juventud y que no le sirvieron para nada, porque la mentalidad juvenil está plagada de estereotipos y de mitos peliculeros o televisivos irreales.

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José Manuel García Rupérez
El respeto a la intimidad es un derecho defendido en la Constitución y que algunos se pasan a lo torera. El que alguien indague sobre lo que hacen los demás fuera de su trabajo no es trigo que dé buen pan. Supone premeditación, un cierto y profundo morbo, que tanto se lleva, y descalifica psicológicamente a la persona que desea conocer demasiadas oportunidades para poder atacar, si llega la ocasión, a la persona indefensa ante tales artes inquisitoriales. Yo no me meto en tus problemas personales, ¿por qué no dejas que los solucione a mi manera? Califica mi trabajo, o descalifícalo si tienes argumentos para ello, pero no se te ocurra introducir tus apestosas narices en lo que hago o en lo que dejo de hacer fuera de mi empleo: mi vida es mi derecho y a nadie tengo que rendir cuentas de lo que hago o dejo de hacer salvo a mí mismo y a los míos.

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