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José Manuel García Rupérez
Ya sabíamos que era muy difícil ganar a un rival cuya trayectoria se muestra en sus vitrinas. Su juego rápido, eléctrico y tenaz consigue colar goles en la portería contraria con una maestría propia de los grandes campeones. ¡Enhorabuena, Athlétic! Lo cortés no quita lo valiente. La mayoría de los mirandeses os hemos admirado desde niños, pues, posiblemente por la proximidad, nos entusiasmaban antes y congratulan ahora vuestras hazañas futbolísticas; no obstante, tenéis que admitir que el Mirandés es un David que sabe lanzar piedras con su honda. Su arrojo les llevó, en el segundo tiempo del partido de semifinales, a meter esos dos soberbios goles que suman los tres que ningún equipo os haya encajado durante lo que llevamos de la Copa del Rey.
Al Mirandés le debemos los más cálidos honores que se puedan ofrecer a un equipo de fútbol, pues a lo largo de un mes y medio nos ha hecho soñar, no sólo a los mirandeses, sino a todo el mundo que haya apreciado su hazaña, repito, nos ha hecho soñar con algo tan difícil como es vencer a esos equipos que se dicen los mejores por estar en Primera y que llevan la universidad del fútbol en sus botas. Y hemos de agradecer a este elenco de jabatos, dirigido por Carlos Pouso, todos los buenos momentos que nos ha regalado con maestría: jugadas impensables, cabriolas de los delanteros, labor de equipo, luchas sin descanso, etc. En casi todos los partidos, estos jugadores nos han tenido en ascuas hasta que faltaban pocos minutos para que terminara “la película” que estaban rodando en el césped. Tanto el temple, el realismo como la amabilidad y el honor del Pouso nos han admirado, y todos seguimos confiando en esa capacidad de arrojo y entusiasmo que él os ha transmitido en todo momento y, consecuentemente, a los aficionados. No en vano tenéis como alias el nombre significativo de jabatos que ponen toda su energía y empeño en superar a los gigantes. Lo habéis conseguido aunque no hayáis pasado a la tan ansiada final de Copa. Estaremos siempre con vosotros porque ahora, de verdad, sois nuestros símbolos en los que mirarnos para imitaros en vuestra tenacidad, valentía, compostura y lucha, valores que nos serán tan necesarios para los tiempos que nos vienen. Lamentamos el dichoso azar que hace despistar goles que creíamos seguros, o que se divierte chocando balones contra el palo de la portería, o que los dirige a las manos del atento cancerbero. Desgraciadamente, en el juego unas veces se gana y otras se pierde. No miremos el resultado desde el punto de vista numérico. Para nosotros habéis aumentado y ganado, sobre todo, una afición que transmitirá esta hazaña a sus hijos y nietos. Me imagino a los abuelos que dentro de unos años contarán vuestra historia: “Hubo un tiempo en que nuestro Mirandés demostró al mundo que podía torear a varios “miuras” de la Primera División. Llegó casi a tocar las mieles de la final, pero supo retirarse gloriosamente con las botas puestas.”
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José Manuel García Rupérez
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