|
José Manuel García Rupérez
En esta sociedad fragmentada y caótica existe un método para que no nos aplaste su desagradable lastra: atrapar los momentos vitales experimentados y registrarlos en lo más profundo de nuestra memoria. Las noticias que se resaltan como importantes en los periódicos se han convertido en monótonas palomas que acuden siempre al mismo lugar para cebar su insaciable buche. Por ello, lo minoritario y cotidiano debe cobrar la relevancia que siempre se merece: el saludo del vecino, el gesto solidario, el recuerdo de los seres queridos, etc.
Disiento con todos aquellos que opinan que “somos lo que tenemos”, más bien, desde mi punto de vista, somos lo que hacemos y seremos el tiempo que nos queda, y no somos lo que hemos perdido o lo que aún ni siquiera vislumbramos. Peligroso es que sólo persigamos el bienestar y que éste lo relacionemos exclusivamente con el número de posesiones materiales de las que disponemos. Lo único que nos va a producir es el temor a perderlas y estar pendiente de conservarlas. ¿Por qué tanto afán de posesión y de dominio, si lo único que nos acarrean es una bola de acero que añadimos a nuestros pies virtuales? Se está olvidando el altruismo y la colaboración de antaño. Vivimos en un determinado espacio obsesionados por el peligro y con la circunstancia agravante de la desconfianza. Hoy, poca gente se fía de los jóvenes, de los inmigrantes, de las ofertas que nos ofrece la publicidad, ni siquiera confiamos en los políticos que hemos elegido con nuestros votos. Siempre vuela sobre nuestras cabezas el interrogante de la duda. ¿No estaremos rozando el cinismo? Pocas cosas nos importan. Las catástrofes y los atentados recientes emigran, con el paso del tiempo, al lugar en el que habita el olvido. Pasamos de casi todo, y nadie nos recrimina nada. Hasta el crítico se ha contagiado del descaro y de la desfachatez. Se defiende hasta la incongruencia y la falsedad de los hechos, y ponemos verde al que cumple con su deber, al que calificamos de mal amigo porque como consecuencia de sus hechos justos nos consideramos perjudicados. Si se está perdiendo la vergüenza, el pudor, el honor, ¿qué nos puede quedar? Yo me inclino por “atrapar los instantes en una línea de tinta”, como pretende Manuel Rivas, y de este modo hacer una realidad más soportable, que supere, con la varita mágica de la fantasía, ese resquemor y odio a lo que las mulas falsas cocean con demasiado desparpajo. Por otro lado, para luchar contra el cinismo, soy partidario de cambiar la n por la v, y defender el civismo que nos debe caracterizar a todos, esto es, practiquemos el ultraísmo, la filantropía, la generosidad, aspectos que siempre hablarán a favor de nuestra persona. A pesar de todo, no hay que perder la dirección de renacer, de levantarnos de la lona que hemos besado por el golpe traicionero del viento enemigo. El tiempo siempre nos proporciona la posibilidad de que las cosas puedan cambiar de sitio.
Comentarios
|
José Manuel García Rupérez
Secciones
Archivo
Recent posts
¡MENUDOS PÁJAROS!
20/05/2013
¡FIESTA!
16/05/2013
VIRTUOSOS
08/05/2013
ETERNA JUVENTUD
05/05/2013
IMPORTANTES
01/05/2013
LEER O NO LEER
26/04/2013
TALANTE
12/04/2013
RECICLAJE
06/04/2013
EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA
04/04/2013
CREATIVIDAD
28/03/2013
|

