Presunto Fuego Lento

José Manuel García Rupérez
        Querido correcaminos: No sé para qué sirven tantas campañas publicitarias que aparecen, sobre todo en la tele, con el fin de que pienses que si sigues corriendo por las carreteras como un loco, te la vas a dar. Y eso no es lo peor; lo peor, por si lo habías olvidado, es que te puedes llevar por delante a tanto inocente que va de vacaciones, observando la velocidad adecuada, o al que va a lo que sea pero actuando como mandan los cánones,  respetando las normas de la circulación y cumpliendo asimismo con la lógica, ya que aprecia su vida y la de los suyos.
 
      Sin embargo, tú, memo, y otros adjetivos que pueden rimar con –ón, con –uta y con varios sufijos apreciativo-despectivos que no vienen a cuento, sigues como si nada, como si la carretera fuera tu hábitat natural, igual que la de una animal en extinción, porque eso es lo que te va a pasar si sigues en tus trece de correr y correr como un desalmado sin pensar en los demás, o como si fueras el único que tiene un coche o una moto de tan elevadas cilindradas.
 
     Tu estulticia llega al límite cuando intentas chupar rueda y quieres ver la matrícula de quien va delante tranquilamente. ¿Qué pretendes con esta actitud de chulo? A lo mejor deseas probar los frenos ABS, o calcular tus reflejos de suicida del asfalto o demostrar a la chica que llevas al lado que el viejo que va delante no tiene idea de conducir y ¡zas! te la pegas como un pajarito mojado que saldrá en la tele junto a la que ibas a demostrar tu capacidad de machito. Está claro, querías salir en las noticias y habías logrado intuir cuál era el camino más corto.
 
       Pero por si todavía no has salido en esas circunstancias por la caja tonta, me gustaría decirte que yo y que otros como yo estamos hasta los dídimos de tanta actitud imberbe manifestada abiertamente cuando os subís a un ataúd de cuatro ruedas que transformáis en proyectil que pueda matarme a mí, a mi familia y a otros que piensan como yo. Ya que tu cerebro de hormiga no logra comprender los anuncios de la tele, te mando esta misiva por si alguien te la lee y te hace un favor, pues, seguramente, tú serás uno de esos abecedetos voluntarios que ni siquiera se ha parado a pensar que existe el código de la vida, que los demás queremos morir de otro modo y no empotrados contra la sombra de tu necedad y bravuconería.
 
       No porque vayas a más de ciento ochenta eres un ente superior que está jugando con las perspectivas de los demás. Eres un candidato seguro a la muerte. No seas ingenuo. Esta, es decir, la de la guadaña afilada está al acecho en cualquier curva, en cualquier cambio de rasante, en cualquier encrucijada de caminos. Te puede tocar línea en cualquier bingo de la carretera cuando menos  lo aguardes. A mí, al menos, no me gusta jugar a esa lotería tan insulsa.
 

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