Presunto Fuego Lento


José Manuel García Rupérez
Uno se acerca a los periódico o escucha la radio y observa la cantidad de términos que aparecen en dichos medios en que se hace alusión a la Geometría, esa parte de las Matemáticas que estudia la extensión, la forma de medirla, las relaciones entre  puntos, líneas, ángulos, planos y figuras, y la manera como se miden. Casi nada. Y creíamos que la habíamos olvidado en la escuela de nuestros recuerdos.
 
Ecuaciones. Descubrir que los puntos de una figura no están todos en el mismo plano…¿O había una clase de Geometría que sí los representaba en el mismo plano? ¿Y las relaciones entre las dimensiones y las formas expresadas con medidas? Etc. Yo les quería recordar cómo seguimos pensando  “en Geometría”. Me explico. Hagamos un ejercicio tomando giros y expresiones en que aparece el tema que nos ocupa.
 
La verdad  es que cada vez aumenta más la espiral de violencia, aunque algunos lo ven bajo un prisma personal y diferente, ya que siempre ha existido, tanto en las bajas como en las altas esferas. Con todo, el segmento más importante de la población joven suele ser, por lo general, el protagonista de estos hechos violentos: recuérdese lo que ocurre en muchos partidos de fútbol, los fines de semana, etc.          
 
No hay duda de que los sectores afectados se dan en una capa de la sociedad más bien baja y que viven en círculos que dejan mucho que desear. A ese nivel, las curvas de crecimiento son cada vez mayores y es posible que el aumento de la población sea una de las causas de tanto maltrato.    
         
Es probable que la pirámide de edades también tenga algo que ver, pues esta sociedad no tiene una base tan sólida como se esperaba. Podemos considerar que este tema es puntual, dependiendo también desde qué ángulo se mire.
         
El Gobierno habla de asuntos centrales y es posible que se salga de la tangente al afirmar tal cosa. Quizás, en este asunto de la violencia tendríamos que tener jueces más rectos y sin que su trayectoria y su radio de acción se quiebre por nada, si queremos que el resultado sea una sociedad cada vez más justa.
         
Es cierto que muchas personas se pasan de la raya y no saben que existe una ética universal que habrá que mantener si no queremos perder el norte. Muchos consideran que mientras que la Tierra siga girando alrededor de su eje, este tema se repetirá. No obstante, los entendidos en la materia podrían insinuar a esta sociedad perdida alguna proyección que la oriente por el camino rectilíneo.
        
Tal vez, lo más importante es que no perdamos ni el equilibrio ni la perspectiva, y mantengamos la verticalidad.



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José Manuel García Rupérez
     Da lástima comprobar cómo ya desde niños la indisciplina y la violencia colorean con demasiado tinte las actividades de las personas. Falta de puntualidad, descaro, olvido de material escolar imprescindible para llevar a cabo un buen aprendizaje, falta de respeto al profesorado, yo lo calificaría de nulo en muchísimas ocasiones, no solo a la persona que en ese momento es la encargada de su educación, sino también a sus propios compañeros o compañeras de clase, todo ello, digo, son los tonos de esta sinfonía escolar que desafina estrepitosamente desde hace bastante tiempo.
 
     Nadie pone remedio. O los proyectos que se plantean no surten el efecto deseado. ¿Por qué no buscamos sus orígenes, esto es, sus posibles causas? ¿Cómo un niño o una niña van a respetar la autoridad de quien los está educando si no “maman” ni el respeto ni el afecto en el entorno en que se mueven? ¿Hace falta emitir más juicios para que quien tenga ojos vea y para que quien posea oídos escuche? La permisividad a todos los niveles y en todas las ocasiones invita a que todo esté permitido, máxime, si los actos de estas personas menudas carecen de consecuencia alguna contra sus intereses. ¿Hay que evitarles traumas? No se te ocurra levantarles la voz: les crearías un problema psicológico  de graves consecuencias.
 
     ¡Pobres infantes! Ya saben: café para todos. ¡Todo es posible sin esfuerzo!, según publican varios anuncios para aprender idiomas, por ejemplo. ¡Y al saber lo llaman suerte! No les aflijen con deberes, pues siempre inventarán una excusa para no hacerlos. No les inviten a ser responsables porque no son capaces de comprometerse a casi nada. A la pasividad, sí se apuntan. A que les den todo hecho, también. Es una  buena fórmula para crear inútiles en serie. Menos mal que hay familias que se preocupan, velan, supervisan no sólo lo que  hacen sus “cachorros”, sino también lo que dicen, así como la veracidad y el sentido de sus palabras, pues la verdad es una y los errores, múltiples.
 
     Todos sabemos que en esta temprana edad, me refiero sobre todo a la adolescencia, la mentira es gratuita y en muchas ocasiones eficiente, pues sus “goles” no los para ni Casillas. La falsedad, amigos, es una fórmula para eludir responsabilidades y quehaceres, fundamentalmente, cuando estos últimos son complicados y requieren dedicación, atención y esfuerzo. ¡Qué fácil es dar la vuelta a la tortilla! Constatemos los hechos y no echemos la boca a pacer alegremente, pues se puede herir a alguien al que no se le ha dado la oportunidad de defenderse. A los adultos nos toca orientarles y advertirles de los peligros para que no caigan en errores que son irreversibles. Aulas, no jaulas de grillos es lo que esperamos. No lo olvidemos: la educación  de una persona comienza treinta años antes de nacer.

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