SINOPSIS: Oregón, 1933. Entre los vagabundos sin trabajo que, durante la Gran Depresión, se desplazan de un estado a otro viajando clandestinamente en los trenes, el número uno es el Emperador del Norte (Marvin), llamado así por su astucia para burlar a los ferroviarios. Dos hombres aspiran a arrebatarle el título, pero para ello tendrán que llegar a Portland en el tren de Sack (Borgnine), un sádico e implacable maquinista. Inspirada en las aventuras de Jack London. (FILMAFFINITY)
El emperador del Norte. (1973)
TÍTULO ORIGINAL: Emperor of the North Pole
DURACIÓN: 119 min.
DIRECTOR: Robert Aldrich
GUIÓN: Christopher Knopf (Basada en un relato de Jack London)
MÚSICA: Frank De Vol
FOTOGRAFÍA: Joseph Biroc
REPARTO PRINCIPAL: Lee Marvin, Ernest Borgnine, Keith Carradine.
Muy lejos de obras maestras como "Doce del Patíbulo" o "¿Qué fue de Baby Jane?", Robert Aldrich nos presenta en esta cinta a partir de un relato de Jack London, una historia que transcurre en la época de la Gran Depresión de 1933 y enmarcada en el estado de Oregón. En esa situación tan conflictiva que fue la Gran Depresión, y parece que el tiempo se haya vuelto a detener, los vagabundos, los trashumantes y sin trabajo de Estados Unidos viajaban como podían a través de los estados para buscarse las habichuelas. O para buscarse la vida. Eran polizontes en los trenes de mercancías y afloraban por todos los sitios cada uno con su particular historia y leyenda. Eso le ha dado mucho triguillo al cine. Y aprovechaban cualquier medio de locomoción para desplazarse como eran los trenes donde se escondían. ¿En todos? En todos menos en uno, el 19, donde un brutal y despótico jefe de convoy, el señor Shack (Borgnine), un despiadado y brutal revisor que no duda en aplastar con un martillo cráneos de los “sin papeles” (y sin dinero, y sin billete, y sin maleta…) que suben a ‘su’ Tren y que tiene como orgullo el que nunca nadie haya viajado escondido en sus horas laborables. Vive para su amo y no va a ser un perro que muerda la mano que le da de comer.
En el polo opuesto, entre estos vagabundos, el número uno es alguien que aspira a ser “El Emperador del Norte” (Lee Marvin),que es lo mismo que decir “El Rey del Aire” pero ahí va a quedar lo chulesco. Y ahí es, precisamente, donde Aldrich nos monta una telaraña a la que está muy bien acostumbrado. Nos deja en el centro de la red mientras saboreamos personajes antagónicos. Algo así como el bien y el mal, el ying y el yang, la izquierda y la derecha, etc… Ya lo demostró en “¿Qué fue de Baby Jane?” o incluso “Doce del Patíbulo”.
Aldrich. por lo que finalmente se decanta es por un duelo titánico, épico, entre dos hombres. Aldrich es director del que no extraña esta violencia, como alumno aventajado de Sam Peckinpah y realizador de películas como Attack o Doce del Patíbulo. El caso es que se decide por ello y en esa decisión, este director nos brinda unas escenas de una violencia sublime, una violencia enormemente bien filmada y mostrada, no es un elogio de la misma como tal, que mantiene al espectador aferrado al asiento hasta el exultante final.
El Emperador del Norte es una película impactante, demasiado dubitativa como para ser considerada una gran película, pero que en lo que finalmente se centra consigue una creación irreprochable. Será junto con "El Tren" de John Frankenheimer, ya proyectada, de las mejores cintas con trenes al fondo.
“Yo soy el señor de las vías. El tren es mi hotel y nadie se sube en él. No acepto socios, soy el rey de los vagabundos. El emperador del norte. Tú puedes llegar a ser un hombre, puedo enseñarte, tendrás que aprender a obedecer y a que los golpes no te duelan”.
“Las estrellas de este camino las he puesto yo”.
Un sueño hecho realidad. Por fin. Cosas que te diré que todo el mundo dirá a todo el mundo, seguramente gritando hasta la afonía, pero… ¡qué bonito es repetirse cuando es por un acontecimiento de este calibre! Ahora los que glosen, comenten o discutan esta final de ascenso se les llenará la boca recordando los sinsabores que se han a travesado hasta conseguir la tan ansiada plaza entre los equipos de la división de plata. Todos los que sienten los colores rojillos querrán /querremos aportar nuestro granito de arena, desde los que ven el fútbol con pasión irrefrenable a los que no les encandila pero, (de eso estoy SEGURO) que siendo el equipo de la ciudad no le van a hacer ascos a este ascenso. Es mucho, mucho lo que representa.
Atrás han quedado sinsabores, pataletas, noches de insomnio y como dijo aquel hijo de la Gran Bretaña, “sangre, sudor y lágrimas”. Y las lágrimas fueron furiosas y rabiosas causadas por la impotencia de tener el triunfo al alcance de la mano y que se quedaría solo en arena de playa que se escurre entre los dedos, como en el 2011. O como en otras ocasiones funestamente recordadas donde no se dio una victoriana victoria a los trabajos herculanos.
Ahora es turno de llorar, sí, pero los más lo harán de emoción y de felicidad. Ya es nuestra la plaza en la división de plata. De los que jugaron, de los que dirigieron y ¡cómo no! de esa AFICIÓN que “te lleva en volandas y te empuja con el alma” como dice uno de los cánticos que siempre, siempre, a las duras y a las maduras, ha acompañado al equipo rojinegro, al equipo ferroviario, al equipo de nuestra ciudad de Miranda de Ebro, con todas las letras a mucha honra, y según otros (cuando les conviene e interesa) al equipo burgalés (del norte de la capitalilla) o al grupo castellano. Y no está el ánimo en politizar el asunto.
El “Matagigantes”, como muy bien se le ha venido llamando desde que se dedicó a eliminar primeras marcas para decirles a la oreja de estos traga euros de equipación de oro, que los de segunda B no eran ni sucedáneos ni medicamentos genéricos, ni garrulos, ni los tontos del pueblo, o de la liga, que hay más campeones sueltos, ha vuelto a lograrlo derrotando en el partido de vuelta y en su campo a los chicos del Atlético Baleares. Hueso duro de roer a primera vista porque si ahí estaba enfrente de los chicos de Pouso no era por jugar al golf precisamente.
Les han dejado con la miel en los labios. Ya se acostumbrarán. Aquí pasó lo mismo con el Guadalajara y nadie se rajó las vestiduras. Solo espero que apoyen a su equipo como se hizo en Antonio Machado con el nuestro.
Aunque intentaron calentar el encuentro desde días antes viendo la que se les venía encima, alguien astuto les tendría que haber aconsejado de que quizá no sea bueno mezclar la ensaimada con chacolí, que es indigesto y solo para estómagos agradecidos y preparados. Utilizando una de nuestras frases castizas y con todo el respeto por el merecido adversario “que les den morcilla” (aunque la llamen de Burgos, que sea hecha en Miranda) y que el próximo año será lo que tase un sastre. Aquí llevábamos años esperando a un buen modisto hasta que asomó el tal Pouso y cortó los patrones como le vino en gana y a bien. Y ¡voto a bríos y doy fe! Que bienhallada la hora que aterrizó por estas choperas del Ebro. Más de uno no daba ni un duro cuando arrancó la competición y ya ves. Para que luego digan.
No es menor el regalo que los de Iván, Martins, Infante, Nauzet y compañía, sin olvidar directivos y cuerpo técnico, han hecho a la ciudad con este ascenso merecido. Miranda respira hoy aires de fiesta pues hoy es el Domingo de San Juan del Monte y todas las calles hierven repletas de “blusas”,de sanjuaneros, de caminantes con su pañuelo rojo al cuello, completando cualquier rincón con bombos y charangas. Hoy, a la blusa y a la faja, muchos han unido la bandera rojinegra del Mirandés. Es la fiesta más esperada del año y la segunda mejor romería de todo este país según los privilegiados críticos que se dedican a estas cosas.
¿Qué mayor orgullo que ser sanjuanero, mirandés y del Mirandés? Esto si que es rizar el rizo y obsequiar a toda una ciudad. ¡Gracias de corazón! Ni jugando los mundiales se han visto calles tan desiertas. Ni tan siquiera en época de fiestas tantos madrugadores, trasnochadores, “gaupaseros” o curiosos morbosos pero felices se hayan alineado codo con codo delante de las pantallas de televisión, las pantallas de proyección o el altavoz canijo de un aparato de radio. Hoy tocaba ver una victoria y había que estar ahí o donde uno buenamente pudiera, para después compartir el momento.
Toda la ciudad, toda, estaba refugiada desde antes de las diez y media de la mañana en bares para ver a su equipo, paralizando la ciudad y con las gargantas preparadas para cantar el alirón, Los cohetes en las manos dispuestos a elevarse a las alturas a ver si, con cada gol, el petardazo se oía hasta en las Islas, como un cañonazo agustiniano, acompañando a esa delegación de trescientos y pico aficionados desplazados hasta ese campo agreste y extraño de hierba artificial (otra trampa más, pero fue menos) y la blusa y faja ceñida a unos corazones que palpitaban con cada internada.
Mañana, 28 de Mayo del 2012, día grande de esta fabulosa romería de San Juan del Monte, los chicos de todo el C. D. MIRANDÉS estarán por las calles y es seguro que suban acompañando a romeros y visitantes al paraje de La Laguna donde, por lógica, se les ha de llevar en volandas, otra, y otra, y otra vez, hasta los puestos que se merecen y que quedarán en los anales de la historia del club. Toda una gesta parida con esfuerzo llevando el barco a buen término. Se lo merecen. El fútbol es así.
Alguien dijo: “El pase a segunda lo dará Infante de penalti en las Baleares”. A ver si localizamos al adivino y que nos solucione la crisis. Y conseguido el ascenso, ESTO DE ARREGLAR LA CRISIS TIENE PRIORIDAD ABSOLUTA.
GRACIAS, y creo que escribo por todos, C. D. MIRANDÉS.


