No voy a ser yo el que entre a estas alturas de la temporada en una cosa tan manida como es la manipulación en la prensa. Para eso están otros sesudos señores que se desgañitan a golpe de teclado y que los conocemos por las fotos, muchas veces chapuceras, que cuelgan en sus escritos.
Esta vez, y siempre hurgando por la red, prefiero colgar un pequeño divertimento de esas cosas que te alegran el día y para eso he escogido a esta saga de periodistas que parece que no tiene fin: la familia Prats, o bien como yo prefiero llamarles, los Matías.
Así, simplemente. Porque yo que hice mis primeros pinitos en ésto del papel impreso en La Gaceta del Norte, para pegar el salto a las ondas en Radio Juventud (emisora del Movimiento y su Car-Club, "discos dedicados")tengo en los tímpanos el sonsonete agradable de aquellas tardes de toros en la radio Panchito con voltímetro incorporado de la casa de mis padres o de la tecla pastosa de aquella Olivetti 32 que tanto golpeé junto a Moneo Palacios, para que luego Él se llevase la honrilla y la gloria desde sus partidas de poquer en el Casino, sentado a la patallana, apoltronado copa en ristre. Del sonsonete radiofónico, que a la tele no he llegado todavía, me quedan las retransmisiones de Matías Prats, padre, sin contar con los partidos de fútbol. No hacía falta estar en los cosos o a pié de cesped. El lo vivía y lo hacía vivir. Eso pertenece al pasado y que quede como que "tiempos pasados fueron mejores. De su hijo actualmente en Antena 3, aparte de lo amable de su fraseo, es verle y oir internamente su voz a la espera de un chiste o juego de palabras. E insisto. Ni entro, aquí y ahora, en otras tomas de conciencia. Cada cosa en su momento. A VER SI PASAMOS UN BUEN RATO (La fuente es de la Wikipedia. Es practicamente lo que tengo en archivos así que copio y pego y eso que me ahorro) Matías Prats Cañete.
periodista español nacido el 4 de diciembre de 1913 en Villa del Río (Córdoba) y fallecido el 8 de septiembre de 2004 en la Fundación Jiménez Díaz (Madrid) a los 90 años de edad.
Ha sido una de las voces más conocidas de la radio en España, sobre todo por ser la voz del NO-DO, por la retransmisión de partidos de fútbol y por la información taurina. Es el padre de Matías Prats Luque, conocido periodista, presentador de los informativos de Antena 3 y tuvo otros dos hijos, Juan Jesús y María del Carmen, fruto de su matrimonio con Emilia Luque Montejano. Su nieto Matías Prats Chacón también es periodista.
Durante su infancia en su ciudad natal, Villa del Río, el joven Matías Prats destacó en los círculos literarios de la ciudad, principalmente en el Casino local, por su incipiente faceta de poeta llegando a ser entrevistado en Radio Córdoba por haber ganado un concurso de poesías navideñas. A los 17 años se traslada a Madrid tras haber abandonado sus estudios de perito industrial que cursaba en el Instituto de Málaga. En Madrid pretende iniciar una carrera como poeta asistiendo a tertulias literarias pero unos años más tarde el inicio de la Guerra Civil le obliga a regresar a su ciudad natal. Es durante la guerra cuando Matias Prats tiene sus primeros contactos profesionales con el mundo de la radio. Destinado en Algeciras comenzó a trabajar en la emisora local, Radio Algeciras, después de que sufriera una herida en un ojo causada por una bala. Esta herida fue la responsable de que sufriera fotofobia el resto de su vida y se viera obligado a utilizar siempre gafas oscuras. Una vez terminada la guerra se le ofrece un puesto de trabajo en la emisora de Málaga de Radio Nacional comenzando a retrasmitir corridas de toros y partidos de fútbol desde principios de la década de 1940 siendo un Real Betis-Málaga de segunda división el primer encuentro deportivo que narró. Regresa de nuevo a Madrid en 1945 al inaugurarse las nuevas instalaciones de Radio Nacional en Arganda del Rey. Su carrera perodística comienza a adquirir renombre y sus responsabilidades dentro de la emisora también. De este modo llega a ser en 1947 jefe del Departamento de Realización de Emisoras de Radio Nacional de España y desde ese mismo año hasta 1971 fue responsable de la redacción y locución de los Noticiarios y Documentales Cinematográficos (NO-DO). Dos años más tarde, en 1949 tras haber asistido a la Escuela Oficial de Periodismo pudo graduarse como periodista. Desarrolló desde 1954 el puesto de jefe de Emisiones en Radio Nacional.
Además de la radio, el periodista trabajó en Televisión Española desde 1956, retransmitiendo acontecimientos deportivos y corridas de toros. También se puso al frente de programas como Pantalla deportiva (1959), La Copa (1963), Graderío (1963), Cartel (1965) o Ayer domingo (1965). Se jubila en 1985 aunque su trabajo de locutor en radio acaba en 1974, momento en el que comienza a trabajar en la Asesoría Técnica de la Dirección General de Radio España. A pesar de ello regresó puntualmente a las retransmisiones deportivas durante la Copa de Europa de 1981 y durante el mundial de fútbol celebrado en España en 1982. Entre sus retransmisiones más recordadas está la del gol de Zarra en el estadio Maracaná de Río de Janeiro el 2 de junio de 1950, durante el partido entre España e Inglaterra del Mundial de Fútbol de Brasil. Asimismo, el gol de Marcelino en el Bernabeu en 1964, en el partido de España contra la URSS de la Copa de Europa de Naciones.
También es muy recordado como narrador taurino, Prats era un gran aficionado y realizó la última entrevista a Manolete antes de su muerte.
Murió en 2004 cuando estaba a punto de cumplir 91 años. Matías Prats Luque
(Madrid, 14 de septiembre de 1952) Periodista español, al igual que su padre, Matías Prats Cañete, y su hijo, Matías Prats Chacón.
Prats es Licenciado en Derecho y en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo. Comenzó con su carrera en la emisora de radio La Voz de Madrid. En 1975 pasó a La 2 de Televisión Española con Redacción Noche, programa presentado por Joaquín Arozamena. En 1978, comento para todos los españoles y TVE, el Festival de Eurovision.
Como periodista deportivo ha estado presente en acontecimientos como los Juegos Olímpicos (ocho veces), Mundiales de Fútbol, el Torneo de Roland Garros, Wimbledon, la Copa Davis y torneos de golf como el Masters de Augusta o la Ryder Cup. En 1990 dirige en TVE Estudio Estadio, donde fue presentador entre 1981 y 1993 y más tarde Fútbol de Primera y Sólo goles (1994).En 1991 se incorpora como presentador a la primera edición del Telediario de Televisión Española.
La cadena de televisión Antena 3 lo ficha en el año 1998, para presentar Antena 3 Noticias de la edición del mediodía, para pasar a continuación a la segunda edición, de la que está al frente actualmente.
Entre 2006 y 2009 ha compaginado la presentación de la segunda edición de las noticias con la del Territorio Champions.
Es conocido en el mundo publicitario por anunciar la Cuenta Naranja del Grupo ING.
El día 28 de enero de 2008 presentó su informativo número 7.000 en televisión.
Es miembro del jurado del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes.
QUE LA SAGA CONTINUE SIN ESTROPEARSE.
Comentarios
"La impresión que deja es la de una anciana que apenas puede recordar lo que era y de una película que tampoco está segura de ello" (A. O. Scott: The New York Times)
"Despistado biopic, que pasa de puntillas por la política de la que fuera Primera Ministra inglesa. La película trata de que su sujeto parezca no solamente respetable sino hasta conmovedor y admirable. Puntuación: 2 sobre 5. (Nando Salvá: Cinemanía)
TÍTULO ORIGINAL: The Iron Lady
DURACIÓN: 105 min.
DIRECTORA: Phyllida Lloyd
GUIÓN: Abi Morgan
MÚSICA: Clint Mansell, Thomas Newman
FOTOGRAFÍA: Elliot Davis
REPARTO: Meryl Streep, Jim Broadbent, Anthony Head.
PREMIOS:
Globos de Oro: Mejor actriz dramática (Meryl Streep)
Premios BAFTA: 4 nominaciones, incluyendo mejor actriz (Meryl Streep)
Círculo de críticos de Nueva York: Mejor actriz (Meryl Streep)
Critics Choice Awards: Nominada a mejor actriz (Streep) y maquillaje
EL PERSONAJE REAL.
Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher, (Grantham, 13-10-1925), política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990. Durante su administración, sus estrictas políticas conservadoras, la abolición del poder de los sindicatos y su dura retórica en oposición a la Unión Soviética le valió el apodo de «La Dama de Hierro». (El 19 de enero de 1976, Thatcher hizo un discurso en el ayuntamiento de Kensington en el cual hizo un feroz ataque a la Unión Soviética. La parte más famosa de su discurso dice: «Los rusos están inclinados hacía la dominación del mundo, y están adquiriendo rápidamente los medios para convertirse en la nación imperial más poderosa que el mundo haya visto. Los hombres del Politburó soviético no tienen que preocuparse de los altibajos de la opinión pública. Ellos ponen las armas antes que la mantequilla, mientras que nosotros ponemos cualquier cosa antes que las pistolas.» En respuesta, el diario del ministro de defensa soviético Krasnaya Zvezda (Estrella Roja) le dio el sobrenombre de la dama de hierro, el cual fue rápidamente publicitado por Radio Moscú)
Inicialmente una química, luego una abogada, Thatcher se convirtió en miembro del Parlamento (MP) por Finchley en las elecciones generales de 1959. Durante su estadía en el Parlamento, criticó fuertemente las políticas fiscales del Gobierno Laborista. Durante el mandato de Edward Heath, Thatcher fue nombrada secretaria de Estado de Educación y Ciencia en 1970. En 1975, pasó a ocupar la dirección del Partido Conservador (y líder de la oposición), convirtiéndose en la primera mujer en dirigir un partido político importante en Reino Unido. Después de triunfar con su partido en las elecciones generales de 1979, Thatcher se convirtió en la primera mujer en ejercer como primera ministra del Reino Unido.
Luego de ingresar en la 10 de Downing Street, Thatcher estaba decidida a revertir lo que percibió como un precipitado declive nacional. Su filosofía política y económica hizo hincapié en la desregularización, especialmente del sector financiero, flexibilizar el mercado laboral, la privatización o cierre de empresas públicas y la eliminación de subsidios a otras. Durante sus primeros años de gobierno, la popularidad de Thatcher declinó notablemente en medio de la recesión y el alto desempleo hasta que la recuperación económica y la victoria en la Guerra de Malvinas en 1982 llevaron a su reelección en 1983. Llevó adelante una férrea política exterior caracterizada por su oposición a la formación de la Unión Europea y un completo alineamiento con la política exterior de Estados Unidos. Sin embargo, firmó el Acta Única Europea, que establecía formalmente el mercado único y una cooperación más estrecha en Europa. Introdujo un cambio socioeconómico radical en Reino Unido, aunque fue criticada por la venta de bienes del Estado y el debilitamiento de los sindicatos.
Thatcher fue electa para un tercer mandato en 1987, pero su impuesto a la comunidad atrajo la negativa del pueblo y sus puntos de vista sobre la Unión Europea no fueron compartidos por otros miembros de su Gabinete. Renunció al cargo de primera ministra y líder del partido en noviembre de 1990, momento en que fue sucedida por John Major, inmersa en una crisis política y creciente oposición. Thatcher tiene un título nobiliario como Baronesa Thatcher, de Kesteven en el condado de Lincolnshire, que le otorga el derecho vitalicio y no hereditario a ser miembro de la Cámara de los Lores.
En la actualidad y en general, el 29 de abril de 2011, fue invitada a la boda real del príncipe Guillermo y Catherine Middleton, pero no asistió, al parecer debido a su frágil salud.64 En junio, fue condecorada por el ex-presidente español José María Aznarcon el II premio FAES a la Libertad en su residencia privada de Londres.65 En el Día de la Independencia de los Estados Unidos de 2011 (el 4 de julio), Thatcher fue invitada a una ceremonia para la inauguración de una estatua de 10 pies del expresidente estadounidense Ronald Reagan, frente a la embajada norteamericana en Grosvenor Square, Londres, pero no pudo asistir debido al delicado estado de su salud. Según un libro publicado por su hija Carol en 2008, A Swim-On Part In The Goldfish Bowl, Thatcher padece demencia senil aproximadamente desde el 2000
THE IRON LADY. (The movie)
Vamos a ir por partes porque el visionado de este “british-biopic” a lo que nos empiezan a acostumbrar estos directores de la Gran Bretaña cuando no tienen a quien tocarles los bemoles a base de discursos de su rey o de su primogénita, la reina, está empezando a ser sospechosamente zalamero y pastoso.
Puedes ir al cine motivado como te dé la gana, el caso es ir. Pero yo veo tres actitudes antes de sentarte en el palco de butacas con tu cucurucho de palomitas, los odiosos caramelos con envoltorio crujiente o las pipas de marras con su ”crash, crash”, si todavía te dejan comerlas y manchar el suelo con sus cáscaras.
Me explico: se puede ver “La Dama de Hierro” para disfrutar con una Meryl Streep esplendorosa (y muy lejana a otros registros como “Los Puentes de Madison, ahí estaba don Clint Eastwood) bajo toneladas de maquillaje que casi la impiden hablar en algunas escenas y que riza el rizo desde cualquier enfoque aunque detrás de la cámara esté esa directora mojigata de “¡Mamma mía!” Phyllida Lloyd.
Puedes ser condescendiente o llevar mala uva según a quién votaste, y defraudarte, o alegrarte, porque lo que nos cuentan roza la verdad histórica de un iceberg de 11 años de “thatcherismo” que tiene enterrados bajo superficie siete veces más de hielo que lo que nos relata.
O bien, sacando pecho de feminista/feministo convencida/convencido, identificarte con el retrato de una luchadora (políticamente férrea) en un mundo destinado a hombres y vetado a las damas. Ni que estuviésemos en los tiempos del sufragio de principios del siglo XX, (¿O sí que estamos aún?).
Entonces, por partes.
La película tiende a desarrollarse, curiosamente, como “El curioso caso de Benjamín Button”. Comienza al final de una vida para retrotraerse, a base de pesadísimos flashback, muchos, en el tiempo particular de Margaret, su entorno y, como diría José Mota, ANSIA, mucha ansia de poder, muchas ansias de demostrar quién lleva los pantalones en casa y muchas ansias de “Aquí se hace lo que mando yo porque me sale de los ovarios”.
La Dama de Hierro es una película realizada desde el lado de los vencedores por narices. Las rebeliones y huelgas de esos once años nos muestran claramente a los vencidos a regañadientes mordiéndose el labio inferior. Está hecha única y exclusivamente para el lucimiento de Meryl Streep, pero aunque la actriz destaque tanto… ¿Podemos hablar de una interpretación trascendente cuando la película no tiene absolutamente nada más que aportar?
Con un guion ramplón y falto de rigurosidad histórica objetiva nos muestra a una Margaret Thatcher vagamente, sin profundizar, más pendiente el texto de su decadencia y su galopante alzhéimer que hacer mella en sucesos que se pueden repasar en cualquier hemeroteca o videoteca. La película intenta, casi, hacernos creer que con cambiar el tono de voz estemos ante un alegato feminista, (cualquiera que se opone a una decisión tomada por una Thatcher lo hace únicamente por el sexo de ésta), y ese cambio de voz sirva, en un loable afán de superación, en dejar de parecer la hija de un tendero.
Jim Broadbent (excelente en su rol de marido) como acompañante de esta demente senil tampoco acaba de funcionar en su cometido emocional. Si lo que Lloyd pretendía era la lágrima fácil, y seguro que al final del metraje lo consigue con alguna alma cándida, se ha metido por una vereda errónea. Demostrado, no es lo suyo.
“¿Acaso saben más que los libros de historia y los historiadores que catalogan a la que fuera Primer Ministro de Inglaterra durante once años como uno de los gobernantes más extremos, déspotas y unilaterales que han existido jamás? Es una lástima que producciones como ésta sigan la estela de Oliver Stone y no de Frears o Hooper en cuanto a la utilización sin control del maniqueísmo más radical. No se pueden mezclar en cinco minutos la Guerra de las Malvinas, el atentado del IRA, su lucha contra los soviéticos y revolverlo todo con unas buenas pintas de Guinness, para digerir el empacho, sin más datos que unas pobres imágenes de archivo ” (Un comentario “aliñado” y desde la web)
Finalmente, si se quiere disfrutar de unas geniales interpretaciones, hay que verla. Si se quiere tragar la bola que nos cuenta y aplaudir pensando que “pobrecita señora, y tú quién eres y la vida es bella”, sería lógico verla. Y si se quiere salir cabreado y maldiciendo después de verla, es usted libre de hacer lo que le venga en gana con su dinero. Por lo menos las palomitas serán del día.
Históricamente, muy liviana. Cinematográficamente, pues eso. Para gustos se hicieron los colores. Seguro que la siguiente entrega será un biopic sobre Churchill y los farias que se metía al pecho entre sangre (de los demás), sudor (de los demás) y lágrimas (de los demás). Eso, ya se sabe, está por demás.
Si la película se hubiese titulado simplemente “Margaret”, otro gallo habría cantado.
God save a la Meryl.
Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher, (Grantham, 13-10-1925), política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990. Durante su administración, sus estrictas políticas conservadoras, la abolición del poder de los sindicatos y su dura retórica en oposición a la Unión Soviética le valió el apodo de «La Dama de Hierro». (El 19 de enero de 1976, Thatcher hizo un discurso en el ayuntamiento de Kensington en el cual hizo un feroz ataque a la Unión Soviética. La parte más famosa de su discurso dice: «Los rusos están inclinados hacía la dominación del mundo, y están adquiriendo rápidamente los medios para convertirse en la nación imperial más poderosa que el mundo haya visto. Los hombres del Politburó soviético no tienen que preocuparse de los altibajos de la opinión pública. Ellos ponen las armas antes que la mantequilla, mientras que nosotros ponemos cualquier cosa antes que las pistolas.» En respuesta, el diario del ministro de defensa soviético Krasnaya Zvezda (Estrella Roja) le dio el sobrenombre de la dama de hierro, el cual fue rápidamente publicitado por Radio Moscú)
Inicialmente una química, luego una abogada, Thatcher se convirtió en miembro del Parlamento (MP) por Finchley en las elecciones generales de 1959. Durante su estadía en el Parlamento, criticó fuertemente las políticas fiscales del Gobierno Laborista. Durante el mandato de Edward Heath, Thatcher fue nombrada secretaria de Estado de Educación y Ciencia en 1970. En 1975, pasó a ocupar la dirección del Partido Conservador (y líder de la oposición), convirtiéndose en la primera mujer en dirigir un partido político importante en Reino Unido. Después de triunfar con su partido en las elecciones generales de 1979, Thatcher se convirtió en la primera mujer en ejercer como primera ministra del Reino Unido.
Luego de ingresar en la 10 de Downing Street, Thatcher estaba decidida a revertir lo que percibió como un precipitado declive nacional. Su filosofía política y económica hizo hincapié en la desregularización, especialmente del sector financiero, flexibilizar el mercado laboral, la privatización o cierre de empresas públicas y la eliminación de subsidios a otras. Durante sus primeros años de gobierno, la popularidad de Thatcher declinó notablemente en medio de la recesión y el alto desempleo hasta que la recuperación económica y la victoria en la Guerra de Malvinas en 1982 llevaron a su reelección en 1983. Llevó adelante una férrea política exterior caracterizada por su oposición a la formación de la Unión Europea y un completo alineamiento con la política exterior de Estados Unidos. Sin embargo, firmó el Acta Única Europea, que establecía formalmente el mercado único y una cooperación más estrecha en Europa. Introdujo un cambio socioeconómico radical en Reino Unido, aunque fue criticada por la venta de bienes del Estado y el debilitamiento de los sindicatos.
Thatcher fue electa para un tercer mandato en 1987, pero su impuesto a la comunidad atrajo la negativa del pueblo y sus puntos de vista sobre la Unión Europea no fueron compartidos por otros miembros de su Gabinete. Renunció al cargo de primera ministra y líder del partido en noviembre de 1990, momento en que fue sucedida por John Major, inmersa en una crisis política y creciente oposición. Thatcher tiene un título nobiliario como Baronesa Thatcher, de Kesteven en el condado de Lincolnshire, que le otorga el derecho vitalicio y no hereditario a ser miembro de la Cámara de los Lores.
En la actualidad y en general, el 29 de abril de 2011, fue invitada a la boda real del príncipe Guillermo y Catherine Middleton, pero no asistió, al parecer debido a su frágil salud.64 En junio, fue condecorada por el ex-presidente español José María Aznarcon el II premio FAES a la Libertad en su residencia privada de Londres.65 En el Día de la Independencia de los Estados Unidos de 2011 (el 4 de julio), Thatcher fue invitada a una ceremonia para la inauguración de una estatua de 10 pies del expresidente estadounidense Ronald Reagan, frente a la embajada norteamericana en Grosvenor Square, Londres, pero no pudo asistir debido al delicado estado de su salud. Según un libro publicado por su hija Carol en 2008, A Swim-On Part In The Goldfish Bowl, Thatcher padece demencia senil aproximadamente desde el 2000
THE IRON LADY. (The movie)
Vamos a ir por partes porque el visionado de este “british-biopic” a lo que nos empiezan a acostumbrar estos directores de la Gran Bretaña cuando no tienen a quien tocarles los bemoles a base de discursos de su rey o de su primogénita, la reina, está empezando a ser sospechosamente zalamero y pastoso.
Puedes ir al cine motivado como te dé la gana, el caso es ir. Pero yo veo tres actitudes antes de sentarte en el palco de butacas con tu cucurucho de palomitas, los odiosos caramelos con envoltorio crujiente o las pipas de marras con su ”crash, crash”, si todavía te dejan comerlas y manchar el suelo con sus cáscaras.
Me explico: se puede ver “La Dama de Hierro” para disfrutar con una Meryl Streep esplendorosa (y muy lejana a otros registros como “Los Puentes de Madison, ahí estaba don Clint Eastwood) bajo toneladas de maquillaje que casi la impiden hablar en algunas escenas y que riza el rizo desde cualquier enfoque aunque detrás de la cámara esté esa directora mojigata de “¡Mamma mía!” Phyllida Lloyd.
Puedes ser condescendiente o llevar mala uva según a quién votaste, y defraudarte, o alegrarte, porque lo que nos cuentan roza la verdad histórica de un iceberg de 11 años de “thatcherismo” que tiene enterrados bajo superficie siete veces más de hielo que lo que nos relata.
O bien, sacando pecho de feminista/feministo convencida/convencido, identificarte con el retrato de una luchadora (políticamente férrea) en un mundo destinado a hombres y vetado a las damas. Ni que estuviésemos en los tiempos del sufragio de principios del siglo XX, (¿O sí que estamos aún?).
Entonces, por partes.
La película tiende a desarrollarse, curiosamente, como “El curioso caso de Benjamín Button”. Comienza al final de una vida para retrotraerse, a base de pesadísimos flashback, muchos, en el tiempo particular de Margaret, su entorno y, como diría José Mota, ANSIA, mucha ansia de poder, muchas ansias de demostrar quién lleva los pantalones en casa y muchas ansias de “Aquí se hace lo que mando yo porque me sale de los ovarios”.
La Dama de Hierro es una película realizada desde el lado de los vencedores por narices. Las rebeliones y huelgas de esos once años nos muestran claramente a los vencidos a regañadientes mordiéndose el labio inferior. Está hecha única y exclusivamente para el lucimiento de Meryl Streep, pero aunque la actriz destaque tanto… ¿Podemos hablar de una interpretación trascendente cuando la película no tiene absolutamente nada más que aportar?
Con un guion ramplón y falto de rigurosidad histórica objetiva nos muestra a una Margaret Thatcher vagamente, sin profundizar, más pendiente el texto de su decadencia y su galopante alzhéimer que hacer mella en sucesos que se pueden repasar en cualquier hemeroteca o videoteca. La película intenta, casi, hacernos creer que con cambiar el tono de voz estemos ante un alegato feminista, (cualquiera que se opone a una decisión tomada por una Thatcher lo hace únicamente por el sexo de ésta), y ese cambio de voz sirva, en un loable afán de superación, en dejar de parecer la hija de un tendero.
Jim Broadbent (excelente en su rol de marido) como acompañante de esta demente senil tampoco acaba de funcionar en su cometido emocional. Si lo que Lloyd pretendía era la lágrima fácil, y seguro que al final del metraje lo consigue con alguna alma cándida, se ha metido por una vereda errónea. Demostrado, no es lo suyo.
“¿Acaso saben más que los libros de historia y los historiadores que catalogan a la que fuera Primer Ministro de Inglaterra durante once años como uno de los gobernantes más extremos, déspotas y unilaterales que han existido jamás? Es una lástima que producciones como ésta sigan la estela de Oliver Stone y no de Frears o Hooper en cuanto a la utilización sin control del maniqueísmo más radical. No se pueden mezclar en cinco minutos la Guerra de las Malvinas, el atentado del IRA, su lucha contra los soviéticos y revolverlo todo con unas buenas pintas de Guinness, para digerir el empacho, sin más datos que unas pobres imágenes de archivo ” (Un comentario “aliñado” y desde la web)
Finalmente, si se quiere disfrutar de unas geniales interpretaciones, hay que verla. Si se quiere tragar la bola que nos cuenta y aplaudir pensando que “pobrecita señora, y tú quién eres y la vida es bella”, sería lógico verla. Y si se quiere salir cabreado y maldiciendo después de verla, es usted libre de hacer lo que le venga en gana con su dinero. Por lo menos las palomitas serán del día.
Históricamente, muy liviana. Cinematográficamente, pues eso. Para gustos se hicieron los colores. Seguro que la siguiente entrega será un biopic sobre Churchill y los farias que se metía al pecho entre sangre (de los demás), sudor (de los demás) y lágrimas (de los demás). Eso, ya se sabe, está por demás.
Si la película se hubiese titulado simplemente “Margaret”, otro gallo habría cantado.
God save a la Meryl.
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