La asociación cinéfila “Con Otros Ojos” vuelve a la carga en este 2013 recién estrenado con una docena de películas para el primer semestre de lo más variado del panorama internacional, de aparición reciente aunque algunas con premios bajo el brazo se queden, para variar, fuera de los círculos comerciales. No veremos lunas nuevas ni crepúsculos tardíos, que se sepa. De la docena de películas a visionar y a las que a algunas les daré trato de favor como a la que sigue, se podría destacar la que abre boca el día 10 en dos pases y que comento después, “El Irlandés”. La seguirán, entre otras y si con la premura no ando mal informado, “El Havre”, “Y Ahora ¿Dónde Vamos?”, “Los Idus de Marzo” (¡Ese Clooney cada vez más crecido!), “Tenemos Que Hablar de Kevin”, “Declaración de Guerra”, la especial “Take Shelter” (al loro con ésta) o la nipona “Kiseki”. Trece años de andadura van marcando un hueco en la ciudad porque, lo mires como lo mires, aunque sea con otros ojos, es calidad y no cantidad. Por lo que se puede ver.
El irlandés (2011, 96 min. aprox.)
TÍTULO ORIGINAL: The Guard
DIRECTOR Y GUIÓN: John Michael McDonagh
REPARTO: Brendan Gleeson, Don Cheadle, Liam Cunningham
PREMIOS EN 2011: Globos de Oro: Nominada a mejor actor comedia/musical (Gleeson), Premios BAFTA: Nominada a mejor guión original, Festival de Valladolid - Seminci: Sección oficial largometrajes a concurso, Satellite Awards: Mejor montaje. 4 nominaciones, incluyendo
SINOPSIS: Un policía irlandés poco ortodoxo se ve forzado a colaborar con un agente del FBI para investigar un asunto internacional relacionado con las drogas. (FILMAFFINITY)
CRÍTICAS SESUDAS O ALGO ASÍ.
"Una comedia negra traviesa e impúdica que sabe adónde va y cómo llegar y que da al veterano actor Brendan Gleeson uno de los papeles más sabrosos de su carrera" (Kenneth Turan: Los Angeles Times)
"Se atreve a ser comedia zafia y sutil retrato de personaje a un mismo tiempo, thriller deconstruido y spaghetti western desubicado, y que afirma a McDonagh como talento a seguir con mucha atención" (Jordi Costa: Diario El Reino, antiguo rotativo El País)
"Hay inequívocos ecos de John Ford en este thriller con envoltorio de comedia irónica, pero que también podría definirse como un western, tremendamente actual y socarrón (...) Puntuación: 4 sobre 4, (Lluís Bonet Mojica: Diario La Vanguardia)
"Una de las comedias negras más corrosivas e insolentes de los últimos años (...) una de esas joyas aparentemente sencillas que mataríamos por ver cada semana en la cartelera (...) Puntuación: 4 sobre 5, (Noel Ceballos: Fotogramas)
TÍTULO ORIGINAL: The Guard
DIRECTOR Y GUIÓN: John Michael McDonagh
REPARTO: Brendan Gleeson, Don Cheadle, Liam Cunningham
PREMIOS EN 2011: Globos de Oro: Nominada a mejor actor comedia/musical (Gleeson), Premios BAFTA: Nominada a mejor guión original, Festival de Valladolid - Seminci: Sección oficial largometrajes a concurso, Satellite Awards: Mejor montaje. 4 nominaciones, incluyendo
SINOPSIS: Un policía irlandés poco ortodoxo se ve forzado a colaborar con un agente del FBI para investigar un asunto internacional relacionado con las drogas. (FILMAFFINITY)
CRÍTICAS SESUDAS O ALGO ASÍ.
"Una comedia negra traviesa e impúdica que sabe adónde va y cómo llegar y que da al veterano actor Brendan Gleeson uno de los papeles más sabrosos de su carrera" (Kenneth Turan: Los Angeles Times)
"Se atreve a ser comedia zafia y sutil retrato de personaje a un mismo tiempo, thriller deconstruido y spaghetti western desubicado, y que afirma a McDonagh como talento a seguir con mucha atención" (Jordi Costa: Diario El Reino, antiguo rotativo El País)
"Hay inequívocos ecos de John Ford en este thriller con envoltorio de comedia irónica, pero que también podría definirse como un western, tremendamente actual y socarrón (...) Puntuación: 4 sobre 4, (Lluís Bonet Mojica: Diario La Vanguardia)
"Una de las comedias negras más corrosivas e insolentes de los últimos años (...) una de esas joyas aparentemente sencillas que mataríamos por ver cada semana en la cartelera (...) Puntuación: 4 sobre 5, (Noel Ceballos: Fotogramas)
“APATRULLANDO LA CIUDÁ, MÍSTER”.
En esta ocasión la zafiedad a la que nos tienen acostumbrados algunas producciones da paso a un humor inteligente para ocultarnos a un Torrente irlandés ya que Brendan Gleeson (“El invitado“, “El General”), en uno de sus más afortunados papeles, da vida a una suerte de policía que está de vuelta de muchas cosas (Gerry Boyle) menos bufo, pero tan irreverente y deslenguado como el personaje de Santiago Segura.
Si a eso se le une el agente del FBI Wendell Everett (Don Cheadle, “Los amos de Brooklyn“, ”Hotel Ruanda”), que no se deja robar ningún plano ni cuando presenciamos los continuos momentos de buddy movie junto a Gleeson y que choca con la realidad de la campiña irlandesa para empezar y para continuar con unos narcotraficantes que hablan de Dylan Thomas, Nietzsche y Bertrand Russel con toda naturalidad (Mark Strong, “Sherlock Holmes“, “Linterna Verde”), secundarios herederos del olvidado quehacer de Guy Ritchie, que pretenden desembarcar un cargamento de cocaína en las apacibles costas de Galway, podemos toparnos con un film que, a partir de que alguien la palma y que no desvelaré, sube en su efervescencia con escenas y diálogos originales y surrealistas, rozando el western pero mojando el gaznate con unas pintas de Guinness, sin llegar a la sal gorda porque huele a ingenio de pub sajón sin alcanzar a la acidez de los Monthy Python.
Ópera prima de John Michael McDonagh (guionista de “Ned Kelly: Comienza la leyenda”, 2003). La amalgama de géneros que aúna McDonagh es un riesgo que corre aunque ladee arteramente las comentadas “buddy movie” haciendo guiños al espagueti de los setenta, incluida la música y la presentación de unos pueblerinos dispares que se niegan a hablar en inglés al agente del FBI, por ejemplo, lo que nos da una nota de la pachorra irlandesa y donde hasta a los caballos no les importaría declarar, asunto que le dan un tono de frescura, malicia e inocencia a la vez pero sin olvidarnos de la trama central.
En esta ocasión la zafiedad a la que nos tienen acostumbrados algunas producciones da paso a un humor inteligente para ocultarnos a un Torrente irlandés ya que Brendan Gleeson (“El invitado“, “El General”), en uno de sus más afortunados papeles, da vida a una suerte de policía que está de vuelta de muchas cosas (Gerry Boyle) menos bufo, pero tan irreverente y deslenguado como el personaje de Santiago Segura.
Si a eso se le une el agente del FBI Wendell Everett (Don Cheadle, “Los amos de Brooklyn“, ”Hotel Ruanda”), que no se deja robar ningún plano ni cuando presenciamos los continuos momentos de buddy movie junto a Gleeson y que choca con la realidad de la campiña irlandesa para empezar y para continuar con unos narcotraficantes que hablan de Dylan Thomas, Nietzsche y Bertrand Russel con toda naturalidad (Mark Strong, “Sherlock Holmes“, “Linterna Verde”), secundarios herederos del olvidado quehacer de Guy Ritchie, que pretenden desembarcar un cargamento de cocaína en las apacibles costas de Galway, podemos toparnos con un film que, a partir de que alguien la palma y que no desvelaré, sube en su efervescencia con escenas y diálogos originales y surrealistas, rozando el western pero mojando el gaznate con unas pintas de Guinness, sin llegar a la sal gorda porque huele a ingenio de pub sajón sin alcanzar a la acidez de los Monthy Python.
Ópera prima de John Michael McDonagh (guionista de “Ned Kelly: Comienza la leyenda”, 2003). La amalgama de géneros que aúna McDonagh es un riesgo que corre aunque ladee arteramente las comentadas “buddy movie” haciendo guiños al espagueti de los setenta, incluida la música y la presentación de unos pueblerinos dispares que se niegan a hablar en inglés al agente del FBI, por ejemplo, lo que nos da una nota de la pachorra irlandesa y donde hasta a los caballos no les importaría declarar, asunto que le dan un tono de frescura, malicia e inocencia a la vez pero sin olvidarnos de la trama central.
No hay más cera que la que arde pero me gustaría hacer hincapié en un par de cosillas aunque me llaméis plomo: que “El irlandés” es mucho más disfrutable en su versión original, por su batiburrillo lingüístico y la modulación entre el elenco sobre todo de los secundarios, atentos al disco de música tradicional irlandesa que grabó Van Morrison con los Chieftains, “The star of the county down”, tema que Gerry Boyle escucha con su madre en la típica tasca irlandesa y para completar, la crítica mordaz a series y películas policíacas de Hollywood, rayando entre la parodia y el humor. Irlanda sigue dando mucho jugo y mucho juego aunque haya referencias continuas al Ira en su cine o a tiempos pasados. Pero aquí tampoco salimos de la Guerra Incivil del 36 y a nadie le parece mal. O a casi nadie.
Para pasar un rato más que agradable aunque falle en algunos aspectos, no excesivos para ser la primera, quizás por la bisoñez de su director. Habrá que estar pendiente porque no me extrañaría una segunda parte, a una saga, o a un remake descafeinado de los pitufos de Americalonia del Nortechistán pero sobre todo muy atentos a lo que haga en el futuro este director novato, John Michael McDonagh, porque lo que es de Gleeson lo sabemos, o nos imaginamos, casi todo.
Para pasar un rato más que agradable aunque falle en algunos aspectos, no excesivos para ser la primera, quizás por la bisoñez de su director. Habrá que estar pendiente porque no me extrañaría una segunda parte, a una saga, o a un remake descafeinado de los pitufos de Americalonia del Nortechistán pero sobre todo muy atentos a lo que haga en el futuro este director novato, John Michael McDonagh, porque lo que es de Gleeson lo sabemos, o nos imaginamos, casi todo.
EL CARTEL BRITÁNICO
Comentarios
Bienvenido con pinzas al 2013 y adiós, por fin y de una puñetera vez, a este nefasto 2012 donde nos han dado más palos que a una estera. Se siente, se siente que estamos preparados para recibir al 2013 donde la alfombrilla, la estera, el felpudo de nuestros ánimos está aclimatándose para recibir más barros de estos lodos y más palos, porque dar palos nos los darán, no nos cabe ninguna duda, los que no dan ni un palo al agua. Acabaremos cornudos y apaleados, pero como dicen los castizos, antes de que nos den una ostia, o una hostia en la otra mejilla, algunos se van a pensar lo que podría ser darle el palo a algo o a alguien. A nadie que se sepa le gusta que le den el palo, que le coman la oreja después y que encima haya que dar las gracias para que no nos ninguneen.
Ser alguien, lo que sea. Los cinco minutos de gloria para salir del ninguneo nazional, caiga quien caiga y pasar a ser otro ser humano reivindicado que pueda lucir honorario y palmito a final de mes y nos pueda dar con la nómina en las narizes. Algo así como las promesas de los gobernantes con las que nos hemos quedado con un palmo de las mismas después de que nos dieran con la puerta de Europa en las mismísima pituitaria. Eso nos pasa por meter las narizes donde no nos llaman. Nuestro narigón, nuestra trompa elefantina, vascuence o chatina ya no nos vale ni para oler aunque muchos nos olíamos el desastre al que nos abocaban los Padres de la Patria. Tiene narizes la cosa. Las últimas trompas que preocupan al Estado son las de Noche Vieja, las de los conductores y las de Falopio porque la de Eustaquio lleva en desuso una temporada en las altas instancias donde se han quedado más sordos que una tapia.
El Mundo mundial aboga por acabar el año con el buen olfato que le caracteriza y nos regalan la oreja, sumado a lo que nos venderán después, con un suplemento para aprender alemán en diez mil lecciones que hará la delicia de estanterías, librerías y arcones, que es donde irán a parar si es que no acaban en el contenedor ecológico, llenándose de polvo y pasado el susto de la primera entrega. “Auffidersen” al coleccionable incluso antes de que hayamos pasado la primera página de la primera entrega con el reconcome del willcomen, fraülien Merkel, por narizes.
Para quitar la razón a una gran mayoría y ver cuál es la sinrazón de unos pocos astutos taimados, ser un mentiroso compulsivo es bueno para que la nazión vaya bien, a imagen de otros taimados le pene a quien le pene, que hasta hace muy poco, tanto Monti que Monti tanto, ¡Qué breys tienen algunos, pardiez!
Lo de la ley de emprendedores se está pareciendo a un aborto en toda regla, que eso de la ley del aborto es otra. Debe ser porque era de ley, de la ley de los que ahora son más fuertes porque les hayan votado los débiles. La ley de Brey. Que se recuerde, a los cuatreros se les colgaba sin juicio en el lejano Oeste, pero al Este del Oeste, ni por esas. Ni el amparo de una pensión digna nos van a permitir aunque lo que no se huelen, lo seguros que están en su poltrona esos forajidos, es que los de abajo estamos “un poquito” hasta las narizes de husmear en vertederos lo que arrojan los de arriba con el desparpajo que les caracteriza. Para ellos debe ser “un orgullo y una satisfacción” que los que están hasta los restos, con los restos se alimenten. Así sí que se puede saber a que huele un buen jamón. Pero que se sepa, nadie hasta la fecha ha vivido del aire aunque vivan con el aire que respiran.
Más es lo más. Otro que se apunta al carro. Con buen olfato ha conseguido pegar un portazo a nacionalistas y al resto de la clase de tropa. Lo de la secesión comienza a quedarse aparte, como en la lejanía “más” cercana, para preocuparse de solucionar los problemas económicos y, lamentablemente, “sis plau”, toca llamar a la puerta de Madrid. Y si no, al tiempo que de quedarse aparte a aparte quejarse, hay un paso. Algún popular que últimamente se están volviendo impopulares por su falta de tacto y de olfato, comenta que “para algunas cosas este país son 17 países y para otras cosas somos una nazión”. Que no estamos ni a las duras ni a las maduras y se prefiere barrer para adentro porque los trapos sucios hay que lavarlos en casa y no hay más cera que la que arde. Aunque queme mal y huela peor.
Los bares, cafeterías, discotecas y pabellones empiezan a cargar cámaras y cañones para la noche que se avecina. Los mayas, los aztecas o los incas, qué más da, han vuelto a equivocarse y nos van a dejar disfrutar de la agonía un día más, una noche más. Mañana temprano veremos a qué vuelven a oler las calles de este país que no despierta de la resaca inmisericorde donde nos han abocado. Seguirá oliendo a lo mismo, a mierda, aunque suene mal, hasta que no nos dé por pasar la escoba y más tarde la fregona con lejía. O con sosa caustica aunque nos irrite las narizes.
La cosa tiene bemoles. Y narizes. Como decía el payaso triste: “Qué bien, que bien, yo leo a Kierkegard” o como se escriba, escriba de ágil pensamiento que columnas hay en cualquier medio virtual y escrito y todos llenos del mismo sinsabor. La languidez y la tristeza se puede oler desde lejos. Puestos así, cada uno en su puesto aunque no nos cosquemos de por dónde nos van a venir los palos, “imprimátur”, entonces, y a pasar el trance.
Nos leemos. Aullidos a La Luna lunera.
Ser alguien, lo que sea. Los cinco minutos de gloria para salir del ninguneo nazional, caiga quien caiga y pasar a ser otro ser humano reivindicado que pueda lucir honorario y palmito a final de mes y nos pueda dar con la nómina en las narizes. Algo así como las promesas de los gobernantes con las que nos hemos quedado con un palmo de las mismas después de que nos dieran con la puerta de Europa en las mismísima pituitaria. Eso nos pasa por meter las narizes donde no nos llaman. Nuestro narigón, nuestra trompa elefantina, vascuence o chatina ya no nos vale ni para oler aunque muchos nos olíamos el desastre al que nos abocaban los Padres de la Patria. Tiene narizes la cosa. Las últimas trompas que preocupan al Estado son las de Noche Vieja, las de los conductores y las de Falopio porque la de Eustaquio lleva en desuso una temporada en las altas instancias donde se han quedado más sordos que una tapia.
El Mundo mundial aboga por acabar el año con el buen olfato que le caracteriza y nos regalan la oreja, sumado a lo que nos venderán después, con un suplemento para aprender alemán en diez mil lecciones que hará la delicia de estanterías, librerías y arcones, que es donde irán a parar si es que no acaban en el contenedor ecológico, llenándose de polvo y pasado el susto de la primera entrega. “Auffidersen” al coleccionable incluso antes de que hayamos pasado la primera página de la primera entrega con el reconcome del willcomen, fraülien Merkel, por narizes.
Para quitar la razón a una gran mayoría y ver cuál es la sinrazón de unos pocos astutos taimados, ser un mentiroso compulsivo es bueno para que la nazión vaya bien, a imagen de otros taimados le pene a quien le pene, que hasta hace muy poco, tanto Monti que Monti tanto, ¡Qué breys tienen algunos, pardiez!
Lo de la ley de emprendedores se está pareciendo a un aborto en toda regla, que eso de la ley del aborto es otra. Debe ser porque era de ley, de la ley de los que ahora son más fuertes porque les hayan votado los débiles. La ley de Brey. Que se recuerde, a los cuatreros se les colgaba sin juicio en el lejano Oeste, pero al Este del Oeste, ni por esas. Ni el amparo de una pensión digna nos van a permitir aunque lo que no se huelen, lo seguros que están en su poltrona esos forajidos, es que los de abajo estamos “un poquito” hasta las narizes de husmear en vertederos lo que arrojan los de arriba con el desparpajo que les caracteriza. Para ellos debe ser “un orgullo y una satisfacción” que los que están hasta los restos, con los restos se alimenten. Así sí que se puede saber a que huele un buen jamón. Pero que se sepa, nadie hasta la fecha ha vivido del aire aunque vivan con el aire que respiran.
Más es lo más. Otro que se apunta al carro. Con buen olfato ha conseguido pegar un portazo a nacionalistas y al resto de la clase de tropa. Lo de la secesión comienza a quedarse aparte, como en la lejanía “más” cercana, para preocuparse de solucionar los problemas económicos y, lamentablemente, “sis plau”, toca llamar a la puerta de Madrid. Y si no, al tiempo que de quedarse aparte a aparte quejarse, hay un paso. Algún popular que últimamente se están volviendo impopulares por su falta de tacto y de olfato, comenta que “para algunas cosas este país son 17 países y para otras cosas somos una nazión”. Que no estamos ni a las duras ni a las maduras y se prefiere barrer para adentro porque los trapos sucios hay que lavarlos en casa y no hay más cera que la que arde. Aunque queme mal y huela peor.
Los bares, cafeterías, discotecas y pabellones empiezan a cargar cámaras y cañones para la noche que se avecina. Los mayas, los aztecas o los incas, qué más da, han vuelto a equivocarse y nos van a dejar disfrutar de la agonía un día más, una noche más. Mañana temprano veremos a qué vuelven a oler las calles de este país que no despierta de la resaca inmisericorde donde nos han abocado. Seguirá oliendo a lo mismo, a mierda, aunque suene mal, hasta que no nos dé por pasar la escoba y más tarde la fregona con lejía. O con sosa caustica aunque nos irrite las narizes.
La cosa tiene bemoles. Y narizes. Como decía el payaso triste: “Qué bien, que bien, yo leo a Kierkegard” o como se escriba, escriba de ágil pensamiento que columnas hay en cualquier medio virtual y escrito y todos llenos del mismo sinsabor. La languidez y la tristeza se puede oler desde lejos. Puestos así, cada uno en su puesto aunque no nos cosquemos de por dónde nos van a venir los palos, “imprimátur”, entonces, y a pasar el trance.
Nos leemos. Aullidos a La Luna lunera.
Una cosa es una columna, otra una noticia y otra la notizia que nos quieran vender. Como la moto.
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