Un Blog de Cine


Hace muchos, pero que muchos meses, que no “cuelgo” ningún comentario, banalidades dirán algunos, de mi amigo Braulio, un casi sin techo, un extinguido de los corrillos sociales por decisión propia, de pocos amigos pero fiel a los que le quedan y en ese saco me debe haber metido, cosa que le agradezco. A fecha de hoy sigue peleando y arañando esperanzas como gato panza arriba: con muy mala uva. Hace meses, entre tinto, más tinto, más tinto peleón para él, aunque a esos caldos turbios le llamen cosechero los nuevos frikis post modernos, y con un café negro, humeante y largo al estilo americano para este pobrecito hablador (qué más quisiera yo que serlo, don Mariano José), se me quejaba en una tascucha de que las canas que va peinando comienzan a ser demasiadas para él.
-“Voy para viejo, Paco. El tiempo no pasa en balde”. Y a partir de ese instante me olí que había parrafada metafísica, despendolada y desbordada. “Tomo nota, Braulio, tomo nota. Cuéntame”. Y soltó lastre como a quien la vida le va en ello y no le sobra mucho tiempo mientras se metía al cinto otra chopera de tintorro sin tan siquiera paladearla. Braulio sigue en sus trece de opositar a papel secante.


TEMPUS FUGIT, BRAULIO.
LO QUE CONOCEMOS POR “EL TIEMPO”, SEGÚN LOS “ABARRUNTOS” DE BRAULIO.
Dicen que el tiempo se estira y se detiene. Es laxo. Es sibarita. Es fláccido y se desmaya. Mentira. Nunca será acogedor ni calentará el fuego para que aplaques tus ansias en sus apagadizas brasas porque pasará a tu lado como un huracán y será recordado como una brisa para los olvidadizos. Que no te falte imaginación, pobrecito hablador, de que para un amigo que tienes, éste se ha vuelto a ir de vacaciones. Como tu Dios, que no suele estar cuando tú quieres. No tiene otra cosa que hacer que perder el tiempo contigo. Ahí le duele.

El tiempo es caprichoso. Es cansino, terco, parco de influencias y lento de reflejos. Tanto más que es el más rápido con los desastres en los que se vuelca sin avisar. El tiempo no se anuncia. Siempre corren tiempos revueltos. No sueñes con que se desvele por tus carnes morenas que se irán ajando con el tiempo. Eso no le ha importado nunca y nosotros le llamamos ley de vida infantilmente.

Se contradice o pensamos que se contradice. Engaña astutamente a los que permanecemos engañados por gusto propio porque en el fondo somos masoquistas y no nos importa que nos mientan.  No esperes que llame a tu puerta porque el tiempo, ladinamente, huye, deserta, emigra y no es un envase recuperable. La gran panacea por descubrir del científico es que el tiempo sea reciclable para poder volver atrás en él y reparar lo que ya es irreparable. La gran mentira del político es que el tiempo, su memoria marcada, su histérica historia sea metamorfoseable al gusto, a la conveniencia de los tiempos que corren, idónea y aprovechable a su antojo y bajo su punto de vista. La memoria de tiempos pasados siempre la han escrito los vencedores. No corren buenos tiempos para la lírica. Ladino tiempo, reloj maldito incluso doblado, horas perdidas y vacías. Irrecuperable. Y más, el tiempo perdido. O, puede que sea el tiempo que pierdo contigo.

Es así. Solo su Dios, el dios de él, sabe el porqué de su altanera conducta. Pero no se fija en que no deja huella, no mella los campos ni yerra en sus designios. Él es como es, intemporal.  Hace desprestigio de sus hermanos (las horas muertas), primos (no hay que perder ni un minuto), sobrinos (¡A buenas horas, mangas verdes!), abuelos (se te ha pasado el plazo) y demás familia (la que llega justo a tiempo). Si es que la hubiera, una familia más, el muerto del ayer estará de cuerpo presente, porque en el pasado no hay tiempo que perder cuando todo el tiempo está perdido.
Al tiempo deberíamos exigirle factura con doble ración de impuesto rancio de sucesiones, para desgravarnos de nuestros agravios intemporales que el tiempo vuela en las herencias, por no saber que el futuro corre en nuestra contra y nos relega al olvido del pasado.

Hay que cobrar las ganancias del agonizante a ser posible antes de que deje de respirar, por adelantado y deprisa, que el tiempo vuela y ese paria ya vivió bastante.

TEMPUS FUGIT, BRAULIO.
El tiempo coge forma para desvivirse por pasar factura a los mortales cabizbajos y quitarlos de en medio. Nació de esa manera en lo que llaman la noche de los tiempos cuando había que cronometrar suspiros para saber en qué momento, en qué año, en qué década, en qué siglo  habíamos vuelto a ser vencedores o vencidos.

Y se fue vendiendo la idea a los vencedores dejando a los perdedores arrinconados en la aldea de los derrotados. El tiempo es un invento burlón de la Humanidad Bien Pensante, aquella que piensa por nosotros por hacernos la pascua al resto de los mortales, cortándonos nuestra efímera sustancia vital en trocitos, desguazando la vida ajena de días a horas, éstas a minutos, y estos a segundos en una carrera por encontrar los “nanoinstantes” que den una justificación fragmentada a nuestra existencia.

La muerte juega al ajedrez con las figuras de marfil de tus dientes de leche desde antes de que los tengas con un repetitivo “¡jaque!” cada vez que mueves pieza. La única certeza odiada es que no sabemos ni momento, ni lugar de cómo empezó todo y de cómo va a terminar, pero al igual que no somos  capaces de recordar nuestro primer quejido, nuestra primera respiración que conocemos  a hurtadillas por lo que han tenido a bien contarnos abuelas y matronas, el final será inmisericorde o apocalíptico. Lascivo para unos que se afanan por fallecer en olor de santidad disfrutando del ultimo orgasmo espiritual como de aquellos otros que odian temerosamente, casi con malicia que sea llegado el momento, llegada su hora, a su tiempo y no fuera de tiempo y les despoje de lo que nunca van a poder llegar a hacer. Llegar a una conclusión. ¿Es tan obvio o es tan difícil? Tanto por hacer y tan poco tiempo.

Y mientras tanto ese lapso atemporal corre que vuela, esprinta sin poder detenerse, un caballo desbocado más que nos revuelve las tripas porque somos incapaces de ir a su velocidad ni de ponernos parejos con su aceleración. He aquí el Maldito Bastardo, la Bicha, la Bestia apocalíptica. Ese va a ser el tiempo que te queda de ilusión. Una pequeña lasca de paja mojada, un fuego fatuo y mortecino, un tiro errado al aire a una nube que no matarás y un gatillazo por el que te sonrojas. Es una irrisoria condena a algo que te has dejado en el camino por no poder atender y que no podrás recuperar. No hay vuelta atrás ni rectificación para los errores. De eso se cuida muy bien este invento. De que los recuerdos permanezcan presentes en un pasado que quisiéramos enterrar para nuestra mortificación y nuestras burdas disculpas en el futuro.

Compañeros muertos que se quedan en las cunetas, en las calles, en los hospitales, en los cajeros o en sus camitas, los más afortunados. Dichosas camitas de edredón impoluto con cabecero de roble, edredón de fino plumaje interno, delicado edredón del Norte echo por los del Sur, traficado en el Oeste y revendido al Este en todos los tiempos intemporales.

 Compañeros, compañeras que han sucumbido, no a la muerte a la que se le hecha la culpa de todos los pesares habidos y por haber, sino al tiempo que siempre corre hacia delante y nunca a paso de cangrejo. Aun sabiéndolo, nos reímos de su paso de caracol. Ya lo haré mañana. No hay prisa. Pero en la lejanía, al volver a observarlo, solo vemos la pegajosa marca de su recorrido como un recuerdo a veces sombrío, a veces funesto, las más, desagradable y las pocas que quedan, nostálgicas.  ¿Por qué no lo hice ayer y lo he dejado para mañana? Así es el mago del desastre al que tenemos arrinconado en la muñeca con sus manecillas y su cronómetro que no usamos nunca pero que queda bonito, en el calendario de bolsillo con foto de muchachas ligeras de ropa, si la llevan, o en el almanaque de la pared con una imitación de un cuadro de un pintor del que nadie se acuerda. Ese y no otro es el auténtico culpable de desdichas propias y ajenas, porque el médico puede intentar reanimar al muerto si parece moribundo y rescatarle unos minutos más, unas horas más, unos días más de su agonía. Ni para eso tenemos opción, el derecho a una muerte digna.

Pero ¿Quién será el cirujano, el investigador, el científico, el político o el santurrón purpurado de turno que sea capaz de parar el tiempo y devolverme el tiempo pasado?

Ese y no otro debería ser el culpable y si no, acuérdate, Paco, tiempo al tiempo.

“Tiempo muerto”, dicen en baloncesto, Braulio. Tiempo muerto.

TEMPUS FUGIT, BRAULIO.


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BÁRCENAS SOLO HAY UNO (y a ti te encontré en la calle)
En una encuesta que ha sido realizada en cuarenta y ocho horas (¿tantas horas para lo que ya sabemos y que se pude contar en segundos?),  solicitada por una radio a nivel nazional, se puede observar que (otra vez) no hay nada nuevo bajo el sol. Tenemos las habas contadas. Estamos ante una crisis institucional mayúscula y el ciudadano de a pie, harto ya de estar harto, YA SE CANSÓ (de preguntarse por los chanchullos el por qué, por qué, que diría parafraseando la canción)

Siete de cada diez ejpañoles, un setenta por ciento mire usté,  se ciscan en las muelas de esos depredadores de corbata azulona y engordadores de sus propias nóminas con sobres golosos. Es de suponer que de ese setenta por ciento un cincuenta, la mitad arriba abajo, sean votantes de los gavioteros, que esa es otra. Sabiendo la que se venía encima, trágala perro. Pero en esta ocasión no ha sido una frase dedicada a los gabachos invasores de la Guerra de la Independencia, ni a los herederos del Káiser, fraülien para siempre del pueblo ajpañó. En vez de plan Marshall parece que estemos pidiendo a gritos un Krausplannenvincitori merkeliano, por mucho que nos digan y que nos mientan con un “no nos hace falta” chulesco y prepotente.

 ¿Cómo se está vadeando el caso Bárcenas? El residente en esta ajada piel de toro, haya nacido donde haya nacido, pero víctima y morador en este confín del mundo adornado con faralaes, la bota de vino, los toros y los messis cristianos, extiende su mala uva, no solo al partido en el desgobierno, genoveses monclovitas actualmente, pegados con loctite a su ganada poltrona, devotos de misa de doce y rosario de cuentas en la mano a ver si les salen las cuentas, a los que La Razón es el ABC de El Mundo donde viven (¡País…!) sino a todo lo que huela a chusma política, versus el débil PSOE opositador a tumbona que no a oposición, a negra curia, blanco satén o purpura lluviosa, a cazadores de elefantes, allegados y/o protegidos, prensa panfletaria o usureros bankieros , vade retro Satanás y pies para qué os quiero.

Y el españolito ¿sabe usté, don Hilarión? rezando todavía a su amigo imaginario, a los que en plegaria inmisericorde me uno en ocasiones dando tiempo al tiempo a que escampe, que peor no se puede estar (¿o sí?), esperando a que no estalle la burbuja del balompié, para una cosa que dejan…  cosa que está pasando en el Reino de  Valencia con los cuatro equipos en los que la Generalitat tiene participaciones y acciones sobre sus principales conjuntos titulares y a quien amenaza Bankia, curioso, en el embargo.

Un 55 por ciento de los votantes del PP creen que el billetero suizo de Bárcenas se ha enriquecido fraudulentamente e incluso un 66 dicen que Rajoy miró para otro lado y que no se quiere llegar al esclarecimiento de los hechos delictivos de los suyos, desde la cúpula. Un 94 y un 84 respectivamente, piden justicia y revisión por auditoría y que la justicia meta mano de una vez por todas. Pero, claro las dudas engordan como en los malos circos a los que les crecen los enanos, porque estando el gallardo Gallardón al frente del Ministerio de Gusticia (se debe estar muy “agustito” ahí, en la poltrona, mandando, mangoneando y culpabilizando) debe ser muy complicado tirar piedras contra tu propio tejado.
Los banqueros, los sindicatos, empresas, medios de comunicación y la monarquía no salen mejor parados ya que la mitad de la población, pobrecitos habladores incluidos, piensan que hasta aquí hemos llegado, que vale ya de corruptelas. Pocos se libran, apenas uno o dos de cada diez, y con reparos. No se acuerdan de nuestro refranero, ajpañó y cañí, que el gato escaldado del agua fría huye. Y ya no nos fiamos ni de Dios, ese amigo imaginario de muchos. Todos en el mismo saco.

BÁRCENAS SOLO HAY UNO (y a ti te encontré en la calle)
¿Están los ejpañoles esperando que el cadáver de su vecino pase por enfrente de su puerta? Pues nada, nene. A esperar sentado que va para largo. Se comienza a estar un poquito, o un bastante, hasta los huevos de que estos electos se preocupen más por esa pugna por el poder y esas intrigas palaciegas porque a fin de cuentas es llegar al sillón para financiar su propio engorde, y no va a ser sacarnos las castañas del fuego, que para eso se les ha votado. El que en conciencia e inocentemente haya votado, que conste.

El círculo de Aznar está cabreado con los mandatarios actuales y las antiguas rencillas entre compañeros de gaviota en la solapa renacen. De la cuenta de Luxemburgo creada en 2003, la Asociación de Estudios Europeos no relacionada, dicen, se desdicen y dicen, con FAES y sufragada con 3000 euros mensuales por partícipe, nadie sabe nada y los in-populares niegan rotundamente cuentas en los paraísos fiscales en el exterior o en el interior. El caso es echar los cubos de agua fuera de la canoa ahora que el esquife se hunde y después de que la mayoría de las ratas han abandonado el barco. Las que se queden en la chalupa y se ahoguen, que se jodan. ¿La culpa? Que tocó en la herencia recibida una barcaza carbonera, es decir, de futuro más negro que lo que lleva en sus bodegas, y que hacía aguas. Y si yo gobierno mal, tú gobernaste peor (y tú cien veces más. Y tú mil veces más, Y tú un millón de veces más. Y tú…Y tú, ¡tururú!)

Dice el Banco de España sobre la Caja de Ahorros del Mediterráneo (la CAM) que los altos ejecutivos engordaron hasta 30 veces sus nóminas de forma irregular a base de préstamos ICO, por ejemplo, con el visto bueno del presidente de la comisión de control, todo un descontrol cuando tenían que ser los controladores que sobrevolasen sobre tanta pestilencia, tanto sapo y tanto canto de sirenas tuertas en el reino de los ciegos, los que controlasen a los descontrolados.

Y todavía tenemos que aguantar las pedorretas, el calamitoso viacrucis y las circunstancias plañideras de Bárcenas que a la pregunta sobre su presunción de inocencia comenta “eso nunca lo he puesto en duda”. Inocente hasta que quiera Gallardón y los leguleyos demostrar lo contrario. Y se librará, al tiempo.

Los culpables de aceptar sus sobres son los demás. Sobres para unos pocos del dinero de muchos que han visto algunos, sospechan otros y amparan en el silencio el resto. El resto nos creemos nada y en este reto sacamos los pocos arrestos que nos quedan y queremos, aunque tarde, echar los restos. No hay duda de que el “señoritu” Bárcenas es un chorizo de baja calidad aunque sus tenderos nos lo quieran vender como de cantimpalo, los palos que se merece, un negocio con dinero prestado por los desahuciados del estado del bienestar de siempre pero que nos deja la boca seca y un ardor de estómago que no se quita ni con el mejor pan porque ya se sabe que las penas con pan, son menos. Lo malo es que no nos va a llegar ni para comprar chuscos duros y mohosos de sargento reenganchado.

BÁRCENAS SOLO HAY UNO (y a ti te encontré en la calle)
Bárcenas es solo la punta del iceberg y los altos cargos peperos actúan en consecuencia. Nos han dado la cabeza de turco y el resto es una piña que no sabe nada de nada. ¿No queríais un despreciable traidor a los altos intereses, impasible el ademán y cara al sol, con el que entrar a degüello? Pues ahí tenéis al susodicho y a los demás dejarnos dormir en nuestros laureles, con nuestros caireles y en las Seychelles. O en las Caimanes. O en el Reino de Valencia, en su defecto.

Comentan de los defraudadores que se han dedicado a defraudar a sus pobres votantes que cuando se les pregunta por lo que han hecho, (eso sí, con mucho respeto. No vaya a haber “gallardonadas” y nos caigan chuzos de punta), que les responden sin responder: “No se te olvide, inmigrante en tu propio país, cuando salgas de la habitación de mi suite imperial,  privadísima de la muerte, cerrar la puerta por fuera y colgar en el pomo el cartelito de “No molesten”. Faltaría más, tamaña falta de respeto a la intimidad…

De la Guerra de Secesión entre payeses y nazionales charlaremos, amigo imaginario mediante, en otra kinta kolumna (con “k”. Los asiduos saben de qué va. A los que no lo sepan, ya lo contaré). Y a quien el amigo imaginario se la dé, San Peter se la bendiga, pero con auditoría, mala leche, estacazo y tentetieso, por si las moscas. O mojcas, que también son ajpañolas como los tábanos, los mojcardones, los Moscardó, las avispas y los mosquitos. Todo un país de bichos y alimañas picando y chupando la sangre a los mismos. Esto mosquea a cualquiera pero ya no nos vale tener la mosca tras la oreja.

-Mari Puri, ¿Dónde me has escondido ese insecticida divino de la muerte, maja? (Hay que joerse con la vecina, cagonlá…)

BÁRCENAS SOLO HAY UNO (y a ti te encontré en la calle)


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