MILENARIO DEL FUERO DE NAVE DE ALBURA (1012-2012)
Este año que acabamos de estrenar, es el vespertino del milenario del Fuero de Nave Albura. Un periodo que debe recordar el importante acontecimiento ocurrido en el esplendor del condado de Castilla en uno de los barrios de nuestra ciudad. Acontecimiento vinculado a los orígenes de las leyes y disposiciones municipales castellanas y, por ende, de la historia legislativa local de España.
Miranda de Ebro, que hace poco, en el 2007, ha conmemorado de forma sobresaliente su centenario como ciudad, puesto que antes de 1907 era denominada y considerada villa, debe celebrar igualmente aquel momento cumbre de su historia. Rememorarlo durante su milenario consolidará la conciencia de nuestros orígenes ciudadanos.
Es cierto que Nave de Albura en 1012 no formaba parte de nuestra ciudad. Era una villa independiente. Aún más, a pesar de ser un pequeño núcleo urbano, como tantos otros de la zona, florecía sobre el resto debido a su puerto fluvial. Sin embargo Miranda de Ebro comenzaba entonces a repoblarse por el Monte de la Picota, después de haber sido destruida y asolada en los comienzos de la Reconquista.
Pero la gran expansión de Miranda en los siglos posteriores, convirtió a Nave de Albura en uno de sus arrabales, situado a unos tres kilómetros de su casco antiguo, el llamado Aquende del Ebro. Miranda progresó gracias a su famoso puente medieval sobre ese gran río español en deterioro del embarcadero de la Nave, villa que fue perdiendo importancia hasta casi eclipsarse en nuestros tiempos, en los que prácticamente se da por desaparecido su poético apellido de Albura.
No es menos cierto que nuestra ciudad gozó posteriormente de otro gran fuero, cuyo texto es clásico en los estudios de las instituciones medievales. Aquel que otorgó a Miranda de Ebro Alfonso VI en 1099 y que está emparentado con el de Logroño, que viene a ser matriz de otros muchos.
Aunque todo mirandés medianamente instruido está informado al respecto, hay que aludir al conocido análisis crítico, desde la historia y el derecho, que sobre el mismo publicó en 1945 nuestro insigne erudito, historiador y hebraísta, Francisco Cantera Burgos. Su brillante trabajo es lugar de referencia para cuantos tratan de las legislaciones de privilegio que alcanzaron algunos municipios.
Pero el de La Nave es más antiguo. Pocas ciudades, como Miranda, pueden presumir de haber tenido dos fueros y que uno de los ellos sea de los primeros de la historia.
En los siguientes números de “La Voz del Ebro”, nos ocuparemos de algunas referencias a ese fuero de Nave de Albura sin entrar en estudios densos ni tesis universitarias, sino simplemente nos detendremos en lo dice su breve escrito y en el contexto espacio-temporal en que se confirmó. Tocaremos puntos como el lugar que señala el fuero, su momento histórico, su contenido, las disputas surgidas sobre el mismo, su confirmación, los personajes que aparecen en él, entre los que sobresale, como es lógico, Don Sancho García, aquel nieto del gran Fernán González que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “el conde los buenos fueros”.
Sirva esto de entrada a próximas colaboraciones que esperamos hacer entorno a un fuero de inmunidad que es alusión obligada a cuantos se ocupan de los orígenes de las libertades municipales de Castilla.
De antemano, sean bienvenidas cuantas aportaciones sobre este tema deseen hacer otros. No dudo que, como han hecho conmigo, tienen a su disposición las páginas de “La Voz del Ebro”.
Miranda de Ebro, que hace poco, en el 2007, ha conmemorado de forma sobresaliente su centenario como ciudad, puesto que antes de 1907 era denominada y considerada villa, debe celebrar igualmente aquel momento cumbre de su historia. Rememorarlo durante su milenario consolidará la conciencia de nuestros orígenes ciudadanos.
Es cierto que Nave de Albura en 1012 no formaba parte de nuestra ciudad. Era una villa independiente. Aún más, a pesar de ser un pequeño núcleo urbano, como tantos otros de la zona, florecía sobre el resto debido a su puerto fluvial. Sin embargo Miranda de Ebro comenzaba entonces a repoblarse por el Monte de la Picota, después de haber sido destruida y asolada en los comienzos de la Reconquista.
Pero la gran expansión de Miranda en los siglos posteriores, convirtió a Nave de Albura en uno de sus arrabales, situado a unos tres kilómetros de su casco antiguo, el llamado Aquende del Ebro. Miranda progresó gracias a su famoso puente medieval sobre ese gran río español en deterioro del embarcadero de la Nave, villa que fue perdiendo importancia hasta casi eclipsarse en nuestros tiempos, en los que prácticamente se da por desaparecido su poético apellido de Albura.
No es menos cierto que nuestra ciudad gozó posteriormente de otro gran fuero, cuyo texto es clásico en los estudios de las instituciones medievales. Aquel que otorgó a Miranda de Ebro Alfonso VI en 1099 y que está emparentado con el de Logroño, que viene a ser matriz de otros muchos.
Aunque todo mirandés medianamente instruido está informado al respecto, hay que aludir al conocido análisis crítico, desde la historia y el derecho, que sobre el mismo publicó en 1945 nuestro insigne erudito, historiador y hebraísta, Francisco Cantera Burgos. Su brillante trabajo es lugar de referencia para cuantos tratan de las legislaciones de privilegio que alcanzaron algunos municipios.
Pero el de La Nave es más antiguo. Pocas ciudades, como Miranda, pueden presumir de haber tenido dos fueros y que uno de los ellos sea de los primeros de la historia.
En los siguientes números de “La Voz del Ebro”, nos ocuparemos de algunas referencias a ese fuero de Nave de Albura sin entrar en estudios densos ni tesis universitarias, sino simplemente nos detendremos en lo dice su breve escrito y en el contexto espacio-temporal en que se confirmó. Tocaremos puntos como el lugar que señala el fuero, su momento histórico, su contenido, las disputas surgidas sobre el mismo, su confirmación, los personajes que aparecen en él, entre los que sobresale, como es lógico, Don Sancho García, aquel nieto del gran Fernán González que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “el conde los buenos fueros”.
Sirva esto de entrada a próximas colaboraciones que esperamos hacer entorno a un fuero de inmunidad que es alusión obligada a cuantos se ocupan de los orígenes de las libertades municipales de Castilla.
De antemano, sean bienvenidas cuantas aportaciones sobre este tema deseen hacer otros. No dudo que, como han hecho conmigo, tienen a su disposición las páginas de “La Voz del Ebro”.
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