José Manuel García Rupérez


Sabiduría popular



Ya queda poco de este veranito, aunque los expertos del tiempo dicen que tenemos sequía para rato, aunque no de la misma manera en todas las latitudes.. Cuando se inicia el buen tiempo uno piensa en que, posiblemente, los kilos que ha ido acumulando durante el invierno le impedirán ponerse el bañador del año pasado, el pantalón u otras prendas que tanto usamos en verano. ¡Cuánta preocupación por los gramos de más! ¡Si sólo fueran gramos...!, dirá alguno o alguna. Lo más probable es que fallemos en la lógica previsión. Para este asunto la filosofía popular tiene un sanísimo remedio: "Menos plato y más zapato". Es fácil decirlo. A ver quién es el majo o maja que lo cumple, pues se convierte en un verdadero problema esto de los kilos; casi llega a ser como el mito de Sísifo, héroe que fue condenado por Zeus en los infiernos a subir una roca por una pendiente. Tan pronto llegaba la roca a la cumbre, volvía a caer. Como iba diciendo, la experiencia popular, a veces, se convierte en posible remedio. Me refiero a la frase mencionada que encabeza estas breves reflexiones sobre una obsesión que preocupa a más de la mitad de la población en los tiempos que corren. A todos nos encanta comer bien, y claro, decimos, "por un día que me pase, no creo que se note". ¡Y vaya si se nota! Porque no es sólo un día sino que son varios y variados los alimentos que ingerimos desde que comienza el otoño hasta la llegada del estío siguiente (Y vuelta a empezar como el pobre Sísifo: nosotros intentamos destruir la "roca" de las chuletillas, de los turrones navideños, de los pastelillos de los cumples y celebraciones, de las cenas de los viernes con los amigos...) Sí, señor, hay que tomárselo en serio y no darle tanto a los platos como sí a desgastar zapatos, pues nos estamos volviendo unos adictos imperdonables al uso indebido del coche, y tanto es así que hasta algunos lo cogen para comprar el pan o el periódico que está a la vuelta de la esquina, y no nos percatamos de que si no movemos las piernas, no se ejercita nuestro debilitado corazón. De ahí que la sapiencia que va de boca en boca nos sugiera que gastemos zapatillas a paso ligero para que esas calorías de más no hagan de nosotros personas con problemas de salud. Quien más quien menos entiende el problema, pero lo que no nos entra en la mollera es que el ejercicio no es cosa de un día sino de todos los días posibles, ya que si no creamos un hábito, no conseguiremos el objetivo propuesto: hacer que nos encontremos a gusto con nuestra figura, la cual, bien alimentada y "ejercitada" se mantendrá como los cánones de la salud nos sugieren por todos los medios. Cumplamos el dicho antiguo de "mens sana in corpore sano". Ya saben: a gastar suela para que se vaya por los pies lo que en exceso entró por la boca.



28/01/2010 - 13:26
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