José Francisco Espadas


Mujer contra mujer. Hombre contra mujer



Mira, tú. Mirandés, burgalés, vasquito o penitente del más allá de nuestras fronteras chicas en nuestra patria chica, que eso a mí no me importa, porque se es de donde se pace y, a fin de cuentas, no de dónde se nace. Tú que vas en procesión con tu velita de no haber roto un plato nunca según lo que te dicte tu conciencia perturbada, caduca, anciana, con derecho a bigotillo a ras de labio o con pelucón platino junto al santo de turno, sin que falte la vela premonitoria de una crónica de muerte anunciada, que dijese Márquez, te vas rasgando las vestiduras ante el mal ajeno. Porque los malos son los demás. Tú, no. Tú eres un santo o una santa. ¡Ja!
Hoy he visto besarse sin pudor a dos mujeres a las puertas de una de mis tascas favoritas. Realmente no sé si se han ruborizado o me han llegado a mirar con desafío y algo de desdén ante mi paseo madrugador de todos los días. Tanto me da.
También he visto como a un conocido mío y arrepentido de su orden de alejamiento y que ahora se lleva como Dios con su pareja, la justicia de nuestros municipotes en una actuación completamente ilegal en nuestras calles ancianas y mintiendo como bellacos que son chuletas de baja estofa uniformada (y no es la primera vez que meten la gamba),y porque no hay otra forma de llamarles a veces, era encarcelado por desidia y mala hostia de la ley mal entendida. Hay que “joerse”. Se ve que no hay perdón con los que se aclimatan a la ley. Debe ser que el que la hace la paga. Pero ¿por vida y sin perdón posible?
No semos niñatos ni nus comemos los caminus con quesu. Somos tu pueblo. Respeta-nos.
Y no nos mires tan mal por ser inmigrantes, que los primeros pardillos que salieron para Francia, Alemania o Bélgica eran jodidos españolitos, sacamantecas o asaltatrenes.



28/01/2010 - 13:37
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