Miércoles 8 Septiembre 2010
22:31

José Francisco Espadas


Llegar a viejo es un error



Todos aspiramos a llegar a viejos aunque tengamos delante la ley de vida inmisericorde que, en los mejores de los casos, nos haga llegar a viejos perdidos en el tiempo y sin derecho a amarse, como ya comentase Summers en su película “Del Rosa Al Amarillo”. ¡Y la pena que nos da llegar a viejos y la inviolable ley de vida que nos da esa vejez…” Una vejez a la que fatalmente llegaremos, y a esa, la muerte digna y deseada, aunque sea a la hora de los matusalenes, para descansar de una jodida vez de estar entre tanto carroñero, fantasma y farsante nos resistimos como gato panza arriba mientras vamos claudicando porque, al pasar de los años, parece que estamos completamente equivocados. Craso error de los niñatos que nos circundan.
Del desprecio por tener las costillas gastadas por los años con la que nos pagan ciertos imberbes que se han pensado a sus quince, veinte o veintipico años que todo el monte es orégano y que no tienen ni puta idea de lo que va el rollo y de lo que les espera, cuando se queden solitos en este valle de lágrimas (y espero que su mañana sea mejor, ¡ja, ja!, mala suerte, nenes), secunda la idea de lo que piensan los demás. Para los demás está claro que un anciano es un estorbo, el abuelito de las batallitas, el que se mea por los pasillos, el que tose a destiempo y de madrugada mientras los demás vuelven de botellón y que nadie recuerda o reconoce que toda su puñetera vida ha criado un padecimiento, una familia de hijos que pasarán de él, una relación social con el futuro sufrimiento perpetuo en riñones, cervicales, caderas o pulmones que es herencia de esas putas fábricas y montones de hormigones en grava y ladrillo en las que hemos pencado, hasta trasnochado con horas extras para que la producción no pare y que nos han pagado como si fuera un favor, mientras los sindicatos hacían como tienen por costumbre la vista gorda. De esas escaleras sin fin de las comunidades de gente bien hechas a base de fregona vieja, o portales y bares a las cinco de la mañana, que hay mucho castellano, o segoviano, o de Zamora, (por cercanías, digo) cercanos y pegados con Loctite al ritmo de “tú, madruga a las cuatro, friega por dos pesetas y yo me llevo el resto”, que haberlos, te juro por mis ninios, que los hay. De esos enfermos terminales que babosean como histéricos en casas particulares y hospitales legendarios en nombre de no-sé-qué- apóstol y cuyos parientes más cercanos buscan en los affiches de la cafetería, cuidadora sudamericana o idiota española por cuatro perras que pagan, si las pagan, mientras que el abuelote agoniza y te podría poner otro montón de ejemplos a plena calle, llego a silenciarme de momento aunque sepa nombres y direcciones. Pero tú, amable lector de mis desdichas, ya los conoces de sobra simplemente mirando con el rabillo del ojo a un lado y a otro mientras te tomas tus vinos de mediodía con tu cuadrilla.
Por cierto, una costumbre que estáis perdiendo que ya no salís ni con las mujeres en domingo y fiestas de guardar. Truhanes que sois, aquello de la pata quebrada y en casa y yo me calzo la boina. Y fariseos que os da vergüenza pasear a la parienta porque lleva cuarenta años siendo un mueble como el ropero del dormitorio y no vale para nada (hasta que se despierte, socio…).
Los sindicatos actuales y defensores del pueblo, según ellos, no tiran piedras a su propio tejado, porque siempre los malos son los demás, patronal aparte, y son los que, en el fondo, nos han corrompido con historias que nunca llegaron a ser, con falacias como las demostradas de Carrillo y la Pasionaria obligando a los niños de Rusia a no salir de allí bajo delito de desertores y traidores con derecho al GULAG siberiano más cercano y se demuestra detrás de 70 años. A esos que a base de reafirmarse en huelgas que no llegan, en la acción directa que no se canaliza (no sea que sea dirección a Grecia que está, dicen, muy jodida según dos sindicatos de la A redonda ¡JA!) el corazón haciéndonos que no nos creamos nada porque nada ofrece sino discordia y portarse como los del Partido Popular. O sea. Críticas sin soluciones y no aportar nada a esta Piel de Toro, como de costumbre y que pague el de abajo. Ni en esos fútiles barrigones de los sindica-listos que demuestran que ni en ellos ya se puede confiar mientras dejan alcaldías y se montan “chaletes” según algunos gracias al erario público, que engordan su pachorra gracias a los cuatro asalariados de siempre y a los votos de cuatro inmigrantes, de cuatro peregrinos y de cuatro “trepas”( que van buscando ni se sabe lo cual, mientras lamen culos, una solución más idónea a su desgracia, y de paso le pegan cuatro leches a su parienta de lo cabreados que vienen del curro, y menos mal que no son todos. Hay que joderse.
Decía mi difunto padre, castizo en fondo y analfabeto donde los hubiese dos refrenillos que vienen a colación: “Con buena picha bien se jode” y “a quien buen árbol se arrima, San Pedro se la bendiga”
¿Sabes lo que creo?, como siempre. Que les den. Y pasemos a la acción directa antes de que los bancos vayan de pobres y, nosotros pagadores, de gilipoyas. ¡Coño, vale ya de tanto morro!

28/01/2010 - 13:37


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