Siempre ha estado allí; desde que tengo uso de razón. Año tras año, esa gran chimenea humeante ha saludado a todo aquel que entrara a Miranda por la Carretera de Logroño. Aunque el cartel de la entrada a las instalaciones cambiaba, seguía siendo para todos los habitantes de esta localidad la vieja FEFASA; uno de los iconos, para bien o para mal, de nuestra pequeña ciudad. Mi abuelo, que trabajó en esta factoría cuando todavía pertenecía al extinto Instituto Nacional de Industria (el INI), relataba con cierta nostalgia como decenas de ciclistas inundaban calles y caminos para acudir a su puesto de trabajo en la fábrica. Esta empresa, símbolo del desarrollismo franquista, modificó la fisionomía de Miranda y ratificó su carácter industrial, atrayendo inversiones similares.
Sin embargo, después de décadas de su inauguración, “la FEFASA” se me antojaba una reliquia de los inicios industriales de la comarca. Algo obsoleto, de otra época. Desde el punto de vista económico, ha generado puestos de trabajo y riqueza; pero, también hay que decirlo, el coste medioambiental ha sido bastante alto. Creo que, desde que esa chimenea ha dejado de escupir mierda, se respira mejor en el Valle. Lo que me preocupa ahora es la cantidad de compuestos químicos nocivos que, supongo, debe haber en los inmensos terrenos de la compañía tras medio siglo de actividad. Ya que los suecos se largan, que indemnicen a sus ex-empleados y, aunque sea únicamente por cortesía, que limpien toda esa basura. Es lo mínimo que deberían hacer.
El formato de multinacional industrial, generadora de muchos empleos y de grandes dimensiones, está abocada a la extinción en nuestra sociedad postindustrial. Esta máxima se cumple localmente con el cierre de empresas como “Alphacan” (perteneciente al grupo francés “Arkema”) o la propia “Rottneros”; pero también en la vecina Vitoria estamos viendo lo que ocurre con plantas como la de “Mercedes-Benz”. Todas estas compañías vinieron aquí por el bajo coste de la mano de obra, el cual se ha multiplicado desde su llegada a nuestro país. Ya no somos atractivos, resultamos demasiado caros para el gran capital. Además, las decisiones importantes no se toman en nuestro Estado, acrecentando nuestra dependencia.
Concretamente, la situación de Miranda es ciertamente peliaguda: poseyendo un carácter casi netamente industrial, las empresas del sector secundario están cerrando o se largan a otros territorios y el municipio no alberga suficiente población como para convertirse en un centro comercial (la “competencia” de capitales políticas como Vitoria o Logroño es demasiado fuerte). Entonces, ¿qué hacer?. La desindustrialización ha llegado; tarde, pero ha llegado, acompañada de despidos masivos. Y nos pilla con la hipoteca, el crédito del coche y las letras de la tele de plasma. Bueno, pensad que al menos dais trabajo a Bancos y Cajas de ahorro; aunque esos negocios nunca suelen fallar, como los Estancos. Vaya, ahora que lo pienso, la usura y el tráfico de drogas pueden ser una salida laboral interesante en tiempos de Crisis... ¡y no contaminan el medio ambiente!.
D.E.S.
Sin embargo, después de décadas de su inauguración, “la FEFASA” se me antojaba una reliquia de los inicios industriales de la comarca. Algo obsoleto, de otra época. Desde el punto de vista económico, ha generado puestos de trabajo y riqueza; pero, también hay que decirlo, el coste medioambiental ha sido bastante alto. Creo que, desde que esa chimenea ha dejado de escupir mierda, se respira mejor en el Valle. Lo que me preocupa ahora es la cantidad de compuestos químicos nocivos que, supongo, debe haber en los inmensos terrenos de la compañía tras medio siglo de actividad. Ya que los suecos se largan, que indemnicen a sus ex-empleados y, aunque sea únicamente por cortesía, que limpien toda esa basura. Es lo mínimo que deberían hacer.
El formato de multinacional industrial, generadora de muchos empleos y de grandes dimensiones, está abocada a la extinción en nuestra sociedad postindustrial. Esta máxima se cumple localmente con el cierre de empresas como “Alphacan” (perteneciente al grupo francés “Arkema”) o la propia “Rottneros”; pero también en la vecina Vitoria estamos viendo lo que ocurre con plantas como la de “Mercedes-Benz”. Todas estas compañías vinieron aquí por el bajo coste de la mano de obra, el cual se ha multiplicado desde su llegada a nuestro país. Ya no somos atractivos, resultamos demasiado caros para el gran capital. Además, las decisiones importantes no se toman en nuestro Estado, acrecentando nuestra dependencia.
Concretamente, la situación de Miranda es ciertamente peliaguda: poseyendo un carácter casi netamente industrial, las empresas del sector secundario están cerrando o se largan a otros territorios y el municipio no alberga suficiente población como para convertirse en un centro comercial (la “competencia” de capitales políticas como Vitoria o Logroño es demasiado fuerte). Entonces, ¿qué hacer?. La desindustrialización ha llegado; tarde, pero ha llegado, acompañada de despidos masivos. Y nos pilla con la hipoteca, el crédito del coche y las letras de la tele de plasma. Bueno, pensad que al menos dais trabajo a Bancos y Cajas de ahorro; aunque esos negocios nunca suelen fallar, como los Estancos. Vaya, ahora que lo pienso, la usura y el tráfico de drogas pueden ser una salida laboral interesante en tiempos de Crisis... ¡y no contaminan el medio ambiente!.
D.E.S.




















